POLÍTICA Y GOBIERNO
Como el viento, con muros y sin muros
Jorge Carrillo Olea
Es increíble que cada ciertos años surja alguna noticia ruidosa sobre el siempre áspero tema de migrantes y la frontera norte. Más notable es que cada vez nos encuentre con la mente en blanco. Nuestras reacciones son como si de repente Estados Unidos hubiera emergido del éter y se pronunciara sobre su derecho a establecer las reglas migratorias y las condiciones de operar su frontera, y nosotros nos enteráramos y sorprendiéramos por ello. ¡Hay tantos precedentes!
Son eventos redundantes que se presentan en cada administración de ellos y nuestras. Y siempre respondemos anímica y políticamente de la misma manera: Ofendidos, sorprendidos, agraviados, impreparados hasta para reaccionar de alguna manera que no sea la retórica.
Como joya de ello el secretario Meade dijo: “las bardas no unen, no son congruentes” (sic), concluyó en que, por ahora, México tiene como “ideal alcanzar un régimen migratorio más moderno, estable y humano” (recontrasic) y remató diciendo que (la nueva ley) es “un paso importante en la dirección correcta” (retecontrasic).
Fue la reacción a que los senadores estadunidenses adjudicaran un presupuesto mayor a 38 mil millones de dólares para los próximos diez años para fortalecer la frontera. Es la misma fotografía de cada cierto número de años y, la verdad, en el fondo, en la larga frontera no pasa nada más, sólo los inmigrantes ilegales. Ésos sí pasan, pasan como el viento, con muros y sin muros, con Border Patrol y sin ella, con drones y sin ellos, con helicópteros y sin.
Importa no olvidar la presunta aplicación de la Ley Simpson Rodino, Inmigration Reform and Control Act de 1986, que establecía sanciones a empresarios que contrataran ilegales, un férreo control de las fronteras y enérgicos programas de expulsión de cualquier ilegal, de cualquier índole. La peor amenaza hasta ese momento.
Analistas mexicanos expresaron un gran temor por el regreso masivo de cerca de 3 millones de indocumentados. Pero los más analíticos dudaron sobre la efectividad de estas reformas, bajo el entendido de que las mismas no tendrían una repercusión real sobre la migración ilegal, ya que la presencia de la raza está regida por necesidades de carácter económico de ambos países.
Los efectos iniciales de la aprobación de la ley fueron un pánico entre los ilegales que efectivamente amenazó con una ola de ellos de regreso a sus lugares de origen. La alarma fue terrible. Las autoridades mexicanas estatales y federales se aprestaron para la recepción, alojamiento y transporte de ese éxodo de enormes proporciones. ¡Nada pasó!
Otra prueba contundente por lo elaborado, la tecnología aplicada, el dinero aplicado y la sorpresa que causó fue la llamada Frontera Inteligente anunciada por la Casa Blanca el 21 de marzo de 2002 en vísperas de la visita de George Bush a Monterrey, con una inversión de 11 mil mdd, algo así como el 13% de la deuda externa mexicana de ese momento. Por supuesto nada pasó
Con ingenuo azoro tan propio de Vicente Fox aplaudió el derroche de tecnología e inversión en nuevos puertos de cruce fronterizo como los que hoy sugiere Meade que la harían invulnerable. Nada pasó, nada mejoró para ningún interés. Y por supuesto ahora nada pasará.
Sí, hay que decirlo por separado y es razón suficiente: entonces como hoy nos indignamos, nos sentimos discriminados, rebajados ante el imperio, manejados unilateralmente y sí, de realizarse, se agravaría el riesgo y sufrimiento de los migrantes, que no por eso desistirían de cruzar ni su flujo disminuirá, pero pareciera que la nueva ley abre la posibilidad de legalización de 11 millones de irregulares y eso es alentador.
El gobierno de Enrique Peña adoptó una decisión: no cabildear en el Congreso de Estados Unidos la reforma migratoria. Decidió mirar para otro lado. Resolvió no hacer presente el interés mexicano ante los congresistas, el que podríamos haber ganado para nuestra causa pero ese considerando no operó. La decisión se tomó con la chabacana razón de no intervenir en los asuntos internos de Estados Unidos. ¡Mira de quién!
Y ya hablando de fronteras, bien le haría al amable canciller enterarse de lo que sucede en los 900 km de nuestra frontera sur, principalmente en Ciudad Hidalgo, frente a Tecún Umán, Guatemala. Los horrores son indescriptibles, es sabido.
Infestan con su podredumbre no sólo la ciudad sino toda la zona del Soconusco. Nada se ha hecho por enmendar tal vergüenza. Las violaciones y abusos son a todo y por todos los que tengan cualquier jerarquía oficial. Fallará siempre la legitimidad de quejarnos por lo que pasa en el norte si no atendemos nuestros deberes morales y oficiales en el sur.
