Patricia Gutiérrez Otero
Al maestro Antonio Alatorre
Los fotógrafos y diseñadores de la querida revista México desconocido merecen un aplauso por su destreza para mostrar bellamente los restos de los lugares en los que vivió Juana de Asbaje como en Tepetlixpa, Nepantla, Amecameca… En su número dedicado a “La Ruta de Sor Juana por el Estado de México” es difícil imaginar el estado de abandono de estos sitios que sólo conoce quien los ha visitado. La décima musa, que murió atrozmente, no ha merecido siquiera que las haciendas, plazas e iglesias en las que pasó su primera infancia hayan sido preservadas por sus compatriotas a lo largo de tres siglos, aunque su obra y nombre hayan dado brillo a México dentro y fuera de sus fronteras.
Los amantes de mantener la memoria cultural, como reflejo de lo que fuimos y somos, leímos con interés que la federación invertirá 17 millones de pesos para mejorar el Corredor Oriente Ruta de Sor Juana. El objetivo, bien entendido, es promover el turismo, lo que podría redundar en una mejora económica para los habitantes de los municipios beneficiados; aunque el turismo nunca es la mejor opción para que un pueblo tenga autonomía. En este momento de ávida rapiña, peor es nada. Esperemos, por lo menos, que el dinero llegue felizmente a su destino.
Sin embargo, además de esta remodelación arquitectónica, no estaría de más que también se invirtiera en la búsqueda de material extraviado relacionado con Juana de Asbaje y Ramírez. Una investigación que abarcara lo que pudiera quedar en España de la correspondencia, intercambios, escritos que hubo entre la condesa de Paredes y Sor Juana, incluidos los posibles retratos que la última pudo haber hecho de la primera; es más verosímil que dada la alcurnia de la española, sus documentos se hayan preservado cuidadosamente. Además, nos preguntamos si se ha hecho público lo que los arqueólogos pudieron encontrar cuando en 1971 se adquirieron los restos del convento de san Jerónimo para construir la ahora Universidad El Claustro de Sor Juana gracias a la intervención de Margarita López Portillo. Otra fuente de búsqueda la constituyen las bibliotecas de las diócesis de Puebla y el Distrito Federal e, incluso, la de la Provincia de los jesuitas a la que pertenecía el confesor de Juana de Asbaje, el padre Núñez o, en su defecto, la de la Curia General de la Orden de la Compañía de Jesús. Algunas cartas de prelados a sus superiores pudieron ser archivadas en estos lugares y no haber sido encontradas hasta este momento, como sucedió con la carta al padre Núñez cuyo descubrimiento fue anunciado en 1980: el sacerdote Aureliano Tapia Méndez, de Monterrey, encontró una carta de Sor Juana a su confesor, el P. Antonio Núñez de Miranda.
La luz que podrían arrojar nuevos descubrimientos sobre la obra y vida de Juana de Asbaje y Ramírez no sólo contribuiría a su mejor comprensión, sino a penetrar más en ese pasado colonial que ha quedado en las sombras de la historia oficial de nuestro país.

