Tal parece que el Papa Francisco  tiene prisa, ya que las reformas se producen a un ritmo nunca antes visto en la iglesia.  La última decisión tomada ha sido la de cambiar un motu propio –documento que solo pueden emitir los papas- el reglamento jurídico del Estado Ciudad del Vaticano. En donde queda abolida la cadena perpetua, y entran nueva figuras criminales relativas a delitos contra la humanidad y sobre todo, se agravan las penas para los casos relacionados con abusos de menores y blanqueo de capitales.

El fondo de la reforma hecha por el papa es el de adecuar el ordenamiento jurídico del Vaticano a la legislación internacional. La Santa Sede se rige por el Código Zanardelli, que entro en vigor en Italia en 1889 y en el Vaticano en 1929, y que presenta importantes lagunas. Según el Papa, “es necesario que la comunidad internacional adopte instrumentos jurídicos adecuados que permitan prevenir y combatir la delincuencia, favoreciendo la cooperación judicial internacional en materia penal”

La reforma del papa Francisco da la continuidad contra la pederastia en el interior de la iglesia, que Benedicto XVI ya había iniciado. El motu propio incluye en la legislación vaticana el conjunto de delitos que puedan sufrir los menores: “Venta, prostitución, alistamiento y violencia sexual contra ellos, la pornografía infantil y actos sexuales con menores.