CHARLAS DE CAFÉ

 

Entrevista a Bárbara Jacobs/Autora de Antología del caos al orden

Eve Gil

Bárbara Jacobs (ciudad de México, 1947) no solo es una original narradora y amena ensayista, también es una autora que disfruta intensamente la interacción con los autores que, de un modo u otro, han influenciado su escritura.

Su más reciente libro, Antología del caos al orden (Joaquín Mortiz, México, 2013) es una compilación de esos ejercicios entre literarios y espirituales, en la que Bárbara nos presenta a una serie de artistas que tienen dos cosas en común: haber creado en medio de las más terribles vicisitudes y poseer una obra que los trasciende después de muertos, entre otros, Igor Stravinski, Vincent Van Gogh, Eric Satié, Isadora Duncan, Horacio Quiroga, Franz Kafka, Virginia Woolf, Charles Chaplin,

Dos intenciones

Una veintena de artistas que convirtieron sus tragedias personales y sus batallas perdidas en auténticas obras maestras.

“Tuve dos intenciones —señala la autora de Las hojas muertas, Premio Xavier Villaurrutia 1987—: la primera era acercar al lector, profesionista o común, no necesariamente artista, que no tiene tiempo u oportunidad para acceder a biografías, a este grupo de creadores de todas las bellas artes. El único «requisito» indispensable es que tuvieran algo escrito que exhibiera sus estados de ánimo”.

De esta forma, Bárbara fue reuniendo un grupo bastante variopinto de pintores, bailarines, cineastas, músicos y, por supuesto, escritores: “Me metí de lleno en sus vidas, y encontré que todos tenían en común haber vivido situaciones muy difíciles. Lo que más me intrigaba era que cómo pudieron hacer lo que hicieron en tales circunstancias”.

“A algunos —agrega— les tocó padecer las dos guerras mundiales; otros sufrieron persecuciones, una impresionante pobreza, hambre, y sin embargo, ¡ahí están! Esta es una forma de decirle a los lectores: «Mira, si la vida de estos cuates fue tan difícil, y trascendieron para la posteridad, ¡no te quejes y actúa!» Yo misma ya que tenía listo el material para entregarlo al editor, lo leí de un tirón. La mayoría de los textos ya los conocía, pero al reeleerlos con una nueva visión me llenaron de fuerza y supe que los lectores reaccionarían como yo, y de paso hasta se aficionarán a la obra de algunos porque la empatía es una circunstancia muy efectiva para aficionarte a la obra de un autor”.

 

La felicidad no aporta a la creación

¿Por qué, pregunto a Bárbara, es mucho más fácil encontrar artistas desdichados o con problemas mentales? De hecho, los felices —como Shakespeare— son una aguja en un pajar.

“Considero que la felicidad no aporta creadores de nada. Estoy convencida de que la adversidad es una auténtica fábrica de artistas, y de ahí el título del libro: la creación viene de una poderosa necesidad de darle orden al caos. Muchos dan su vida por su obra y de hecho hay varios suicidas, pero son casos clínicos de depresión o bipolaridad. Por lo general, a nadie le ocurre nada que no pueda enfrentar. Lo que nos sucede a cada uno, y a veces nos parece insuperable, en realidad lo podemos superar”.

“Por otro lado —continúa—, dicen que de músico, poeta y loco todos tenemos un poco, pero a algunos se les nota más. Viven una vida en apariencia indisciplinada porque no se parece a la disciplina de los profesionistas que tienen que cumplir un horario definido en una oficina. Pero el artista trabaja las veinticuatro horas, incluso dormido. De cuántos no se sabe que solucionan una idea en un sueño, o de manera casual, mientras cocinan o recogen margaritas.

Sueño mucho a Woolf

Algunos de los fragmentos aquí recogidos no necesariamente tienen que ver, al menos no de manera directa, con las vivencias de los personajes, pero siempre hay un destello de lo que vivieron”.

¿Con cuáles de estos creadores se identifica más plenamente Bárbara Jacobs?

“¡Con Virginia Woolf! —responde en el acto, emocionada—. La releo mucho, y entiendo por qué dice así las cosas. Ojalá en verdad tengamos algo en común, lo cierto es que la sueño muchísimo”.

“Por otro lado estuve casada treinta y dos años con Augusto Monterroso —también incluido en Antología del caos al orden— y conocí muy de cerca a Salvador Elizondo, que es el que cierra el libro, y me encanta, me parece brillantísimo, y aguantó mucho. En realidad me identifico con todos, los siento un poco míos. Me metí muy profundamente en cada uno de ellos y me interesan cada vez más los trastornos de la gente que conozco, particularmente de los creadores. Me dan muchas ganas de abrazarlos a todos, y presiento que todavía necesitan un abrazo”.

Le comento a Bárbara que la literatura mexicana es rica en autores que navegaron contracorriente para realizar su obra, y cito algunos nombres que no aparecen en su libro.

“A Juan Rulfo —dice— lo tengo en Atormentados, así que no lo podía repetir. A Juan García Ponce —que padeció una esclerosis múltiple que se le diagnosticó a los treinta años, con muy pobres expectativas de vida y sin embargo sobrevivió hasta los setenta años sin dejar un solo día de escribir— me gustaría meterlo en algún libro porque me he compenetrado mucho con él, pero no se ha dado. A Francisco Tario lo tengo en otra antología titulada Los mejores cuentos mexicanos, del año 2000”.

¿Por cuánto tiempo más los lectores de Bárbara Jacobs deberemos esperar por su siguiente novela?

“¡Ya terminé una novela que entrego al editor este año! El 2014, seguro, estará en librerías. Los cuentos los voy juntando, pero no tengo idea de cuándo los voy a publicar”.