PLUMAS DE LA SALUD

Dr. Javier Mancilla Ramírez

Director General del Instituto Nacional de Perinatología

Contar con una población joven, educada y económicamente activa representa para cualquier país un preludio y garantía de desarrollo social. Sin embargo, cuando esta población no está educada, no tiene oportunidades de empleo y empieza a reproducirse muy pronto, ese anhelado porvenir se transforma en una tragedia nacional.

Veamos algunos datos: la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) establecen que los jóvenes entre 10 y 24 años de edad representan casi 25% de la población mundial. Se estima que cuatro de cada cinco jóvenes pertenecen a los países menos desarrollados. La UNICEF reporta que 18% de la población mundial es adolescente, es decir, se encuentra entre los 10 a 19 años de edad. Dicha cifra varía entre las diferentes regiones, de tal manera que en los países con mayor índice de desarrollo los adolescentes representan 12% de la población, mientras que en los países en vías de desarrollo alcanzan 19% y en los menos desarrollados esta proporción casi se duplica al 23%.

En América Latina y el Caribe, los adolescentes representan 19% de la población y, en el caso de México, la población adolescente se ha duplicado en los últimos 30 años. En 1970 representaba 11.4% de la población nacional; hoy representa 21.3% y se estima que entre el 2000 y 2020 el grupo más grande de edad será el de 10 a 19 años.

La adolescencia se caracteriza por una baja presencia de las enfermedades que ponen en riesgo la vida y es una etapa en la que se establecen relaciones interpersonales que determinan el futuro del individuo, tales como el noviazgo y en algunos casos, la formación de una familia. Los riesgos a los que está sometido el adolescente son en su mayoría de carácter psicosocial, como el consumo de alcohol, drogas ilícitas y el hábito de fumar. Los eventos de violencia y accidentes representan la primera causa de muerte en esta edad, de tal forma que cada año mueren 2.6 millones de jóvenes por causas que son prevenibles en 97% de los casos. Es muy importante saber que casi dos terceras partes de las muertes en la vida adulta se asocian a condiciones o conductas que se iniciaron en la infancia y adolescencia.

Respecto a la salud sexual y reproductiva, es común que en la adolescencia las relaciones sean de corta duración y con múltiples parejas; según la Encuesta Nacional de la Juventud (2010), uno de cada 3 adolescentes inicia su vida sexual en esa etapa, pero sólo la tercera parte conocen y usan métodos de prevención de embarazo y, entre ellos, las enfermedades de transmisión sexual como las infecciones por Chlamydia, gonorrea, sífilis, virus de papiloma humano y virus de inmunodeficiencia humana son más frecuentes.

El embarazo durante la adolescencia puede calificarse como un problema de salud pública y una verdadera tragedia social. El número de nacimientos de hijos de madres adolescentes asciende a 16 millones cada año en el mundo, con una tasa de 52 partos por cada mil adolescentes. En los países industrializados se tiene una tasa de 22, mientras que en América Latina y el Caribe se tiene una tasa de 85 y en México una tasa notablemente alta superior a 90.

Se estima que en el mundo se practican en adolescentes aproximadamente 3 millones de abortos no seguros cada año, y las tasas de mortalidad materna representan 15% de todas las causas de muerte en adolescentes. En México, el INEGI y Conapo reportan que en 1990 la proporción de nacimientos registrados de madres adolescentes alcanzó 18%, y en 2012 supera el 25%.

El embarazo en adolescentes representa un factor de riesgo alto de morbilidad materna, fetal y neonatal, condicionado en gran medida por la inmadurez física y emocional. Es común que la madre joven presente problemas tales como anorexia, bulimia, desnutrición y obesidad. También lo es que no cuente con una pareja estable, que interrumpa su proyecto de vida en el aspecto educativo y que sufra rechazo de su familia. Aunado a lo anterior, el bajo nivel socioeconómico se asocia a un mayor riesgo de mortalidad perinatal.

En el Instituto Nacional de Perinatología contamos desde 1988 con una unidad especializada en la atención de pacientes adolescentes, la cual brinda una atención integral que permite disminuir los riesgos a la madre y su hijo. La Dra. Josefina Lira y sus colaboradores, en un estudio de 2 mil 315 adolescentes embarazadas menores de 17 años, informan que el control médico prenatal es tardío, pues sólo en 12% de los casos se inició antes de los 4 meses de embarazo.

Es obvio y evidente que el enfoque de atención obstétrica en adolescentes debe ser preventivo, con un control prenatal temprano y de calidad que permita buenos resultados perinatales. El riesgo de morir por causas asociadas al embarazo es más alto en adolescentes que en mujeres adultas y la morbilidad neonatal en hijos de adolescentes incluye principalmente bajo peso al nacer, prematurez, asfixia perinatal y lesiones asociadas a la vía de nacimiento.

El embarazo en adolescentes afecta a toda la sociedad, por lo que reducir las tasas de embarazo en este grupo de edad aumentaría las oportunidades educativas y de empleo, lo que a su vez contribuiría a mejorar la calidad de vida, aumentar el ahorro familiar, disminuir la pobreza y estimular el crecimiento económico. El papel de la educación sexual desde etapas tempranas es fundamental para lograr tales objetivos. Debe ser una tarea de corresponsabilidad entre la familia, las escuelas, las instituciones de salud y los medios de comunicación. Evitar que nuestras adolescentes se conviertan en niñas criando niños es un asunto trascendental y prioritario para el desarrollo del país.