REFLEXIONES CONSTITUCIONALES

 

El horizonte inmediato se encuentra fragmentado

Alfredo Ríos Camarena

El gobierno reformista de Enrique Peña Nieto, además de las graves dificultades propias de las circunstancias en que encontró el estado que guarda la administración pública, ha tenido, como era natural, que enfrentar los caprichos personales, pero también las convicciones distintas de los partidos que conforman el Pacto por México.

Sin duda, existen denominadores comunes generalizados aun cuando diversas interpretaciones y puntos de vista de lo que podría considerarse una agenda nacional predeterminada permitieron el consenso de los dirigentes de los partidos, pero que, al aterrizar los temas más controvertidos, éstos se convierten en temas de discusiones legislativas que pueden cambiar el rumbo y la brújula con que inició dinámicamente el gobierno de la república.

En efecto, por una parte, tenemos las presiones de la agenda global que han sido determinantes en el mundo de nuestro tiempo para impulsar la creencia de que la empresa y la iniciativa privada están unidas a la democracia, cosa que Norberto Bobbio probó que es incorrecto, pues los intereses privados tienen como motor el lucro y la utilidad, mientras que los públicos tienen por objetivo la prestación de los servicios que un Estado democrático está obligado a prestar; esta confusión ha propiciado la inclinación reformista a apoyar un Estado de libre empresa que puede complementarse, pero también se contrapone al Estado social de derecho al que obliga la Constitución mexicana. Nuestra Carta Magna tiene un sentido de redistribución y justicia social y concibe la democracia no sólo como un sistema electoral, sino como un sistema de vida de mejoría material y espiritual de los mexicanos.

A estas condiciones contradictorias, debemos agregar los intereses distintos entre los niveles de gobierno y la federación que se reflejan, entre otras reformas, en la que se refiere a transformar el Instituto Federal Electoral en Instituto Nacional de Elecciones; la transformación del IFAI; el control fiscal de los estados y otras más; además, la dicotomía entre los distintos partidos y su óptica respecto a la reforma energética y la reforma fiscal. De tal suerte que lo consensado en el Pacto por México tiende a conflictuarse en el ya concreto proceso legislativo, como se ha demostrado ampliamente en el PAN entre su presidente y sus grupos legislativos, particularmente en el Senado. En el PRD las cosas no cambian mucho y también existen visiones opuestas y aun en el mismo PRI, que aparentemente es el más homogéneo, existen criterios diferenciados que pueden impedir que las reformas salgan como son propuestas desde el Pacto por México.

El tiempo legislativo es corto, no obstante las convocatorias a periodos extraordinarios, mientras que la cantidad enorme de reformas legislativas son mucho más lentas; por esto, cuando se quiere anteponer la reforma política a la reforma fiscal y energética, se pueden complicar seriamente las cosas en el interior de las Cámaras. La prisa por legislar no es tan conveniente si no son escuchadas las voces no sólo de los partidos, sino de los expertos, los académicos y la ciudadanía en general que debe expresarse para que, cuando se realicen las reformas, éstas en su ejecución no se conviertan en inoperables.

El horizonte inmediato del poder se encuentra fragmentado, niveles distintos de gobierno; división de poderes; participación de los partidos políticos; y la opinión ciudadana.

Este panorama implica revisar los procesos de reforma y sacar adelante los que tengan un auténtico consenso nacional, porque además en el próximo periodo ordinario de sesiones, quizá se dé la última oportunidad de llegar a acuerdos; pasando éste, se abrirán nuevamente las posiciones de los partidos en torno a la conquista de escaños y curules, de gubernaturas que ya se avizoran en el calendario electoral.

Las vueltas inciertas de la brújula de poder están condicionadas por factores internos y externos que no será fácil superar; lo deseable es que alcancemos metas que permitan en el corto y mediano plazo, avances substantivos que redunden en beneficio de México. Siguen siendo asignaturas pendientes el crecimiento económico y la lucha contra el crimen organizado.