Kennedy se convertirá en la primera mujer en dirigir la embajada norteamericana en Japón, la que usualmente se destinaba para ser ocupada por pesos pesados de la política estadounidense; es posible que la abogada asuma el cargo en otoño, una vez que su nominación sea aprobada por el Senado.
A pesar de su poca experiencia en política o asuntos exteriores, Kennedy deberá enfrentar asuntos controvertidos de creciente tensión en Asia, como las disputas por la soberanía de las islas Senkaku entre Japón y China o el tema del programa nuclear norcoreano, además de la reubicación de las tropas estadounidenses en el archipiélago.El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nombró a Caroline Kennedy, la hija del asesinado John F. Kennedy, como embajadora de Japón, sin embargo, aún se debe esperar la confirmación del Senado sobre esta decisión.
El mandatario confirmó en un comunicado el nombramiento de Kennedy, quien se había resistido mucho tiempo a la posibilidad de ocupar un cargo público.
“Nuestra nación estará bien servida por estos individuos, y espero trabajar con ellos en los meses y años por venir”, agregó Obama, al tiempo que designaba a más personas como futuros servidores públicos.
Caroline Kennedy, de 55 años, fue una de las primeras personalidades en apoyar la candidatura de Obama en las primarias contra Hillary Clinton en 2008; en aquellos días, Kennedy escribió una columna en The New York Times en la que describió al actual mandatario como “un presidente como mi padre”.
De manera similar, Caroline Kennedy continúo brindando su ayuda como una de los 35 copresidentes de la campaña de reelección de Obama, además de participar en reuniones para colectar fondos congregando a la alta sociedad de Manhattan.
Su nombramiento actual se inscribe en la tradición estadounidense de otorgar ciertos puestos de embajador a personalidades destacadas sin ser diplomáticos.
Por su parte, Japón vio la decisión del presidente norteamericano con buenos ojos; el actual embajador en Japón, John Ross, era visto por los analistas nipones como una señal de la baja prioridad del país asiático para Washington.
