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Estrategias y tecnologías policiacas cada vez más acertadas
Manuel Espino
Uno de los más prestigiados centros de pensamiento del globo, la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, difunde en su actual edición valoraciones muy elogiosas para el gobierno mexicano sobre la captura del narcotraficante Miguel Ángel Treviño, el Z-40.
Se escribe que “aunque el gobierno ha tratado de silenciar la discusión de la violencia, no ha abandonado la lucha contra el crimen organizado. Esto fue más una victoria en la guerra contra la violencia que en la guerra contra las drogas. Pero los asesinatos siguen casi el doble de su nivel de hace seis años, hay un largo camino por delante”.
Tan largo es ese camino que durante los últimos días se ha desatado una ofensiva contra las fuerzas federales en tierras michoacanas, con delincuentes atacando no de manera aislada, sino con tácticas de guerrilla. Estamos muy lejos de pacificar el país y de borrar la herencia de sangre legada por Felipe Calderón.
Las explicaciones más creíbles para esta buena noticia tienen que ver con el uso de estrategias y tecnologías policiacas cada vez más acertadas, lo que incrementa la probabilidad de que un delincuente sea arrestado.
Hay lecciones que podríamos retomar para nuestro país. Una es implementar políticas públicas encaminadas a repoblar los centros históricos de las ciudades, pues abandonados se convierten en refugios para delincuentes. Si tomamos como ejemplo el centro histórico de ciudad Juárez, en gran parte deshabitado debido a decisiones del gobierno municipal, vemos lo acertado que resulta seguir el camino contrario. Otra táctica es dificultar lo más posible el robo de autos, pues se trata de un crimen puerta que conduce a delitos mayores: con un auto robado, es más fácil cometer un secuestro, un asalto o un asesinato.
No obstante, más importante que estas tácticas es la estrategia que desde años se viene desenvolviendo en el primer mundo: sostener una política de tolerancia cero al abuso infantil, desarrollar políticas de seguridad social que fortalezcan las familias y crear oportunidades para los jóvenes.
Probado está que la mayoría de los delincuentes sufrieron maltratos en su infancia, que no cuentan con lazos familiares sólidos y que en muchos casos carecieron de empleos dignos. Por ello este enfoque, social, humano, digno es lo más difícil de implementar, pero también lo que más sólidos resultados brinda en la búsqueda de la paz. Ojalá allí estén las nuevas prioridades del Estado mexicano.
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