Si deseas que tus sueños se hagan realidad ¡despierta!
Ambrose Gwinett Bierce
Los políticos españoles fueron sorprendidos por la irrupción en la Plaza del Sol de lo que algunos piensan es la primavera española, un movimiento multitudinario que reflejó una ira social sin precedente en la España de la transición democrática.
Los indignados, casi todos del sector ilustrado de la sociedad española, son los que hasta ahora gozaron de los privilegios del bienestar creado por la modernización política, social y económica, que significó la incorporación de España a la comunidad económica y política de Europa.
“Los indignados”, convocados a través de las redes sociales, formaron un movimiento que reflejó el descontento con los cambios en la política y la economía forzados por la crisis económica global que estalló en 2008.
Acá en México muchos se han emocionado, se han dejado llevar por la imaginación y se hacen eco de los miles de jóvenes educados que en la Plaza del Sol reclamaban: “Si los jóvenes somos el futuro del país y estamos, o bien desempleados o bien explotados por contratos basura, ¿qué futuro le espera a España?”.
Un movimiento con una gran pluralidad de demandas que reflejan un gran descontento con los partidos políticos, con los banqueros y la agobiante situación económica.
“Cimbraron España, pero al final del día se demostró que lo que sucede en las calles no suele guardar una relación directa con las urnas”, escribió José María Ridao en El País.
La única relación es que en las urnas los españoles sancionaron enérgicamente el PSOE, de José Luis Rodríguez Zapatero.
Algunos, acá en México, opinan que el socialista Rodríguez Zapatero sacrificó sus principios por aplicar “políticas neoliberales”.
Esa es una lectura simplista de una realidad muy distante de la nuestra.
Rodríguez Zapatero y el PSOE se volvieron impopulares porque, ante la amenaza generada por la crisis económica global, tuvieron que tomar medidas notoriamente impopulares.
Desde hace tres años, España vive las consecuencias de la crisis y el descontento por las medidas adoptadas para combatirla. El costo de las decisiones lo pagaron el PSOE y Rodríguez Zapatero.
Esa película ya la vimos en México. Las medidas impopulares tomadas por Ernesto Zedillo en 1995 llevaron al PRI a perder la mayoría en el Congreso y el gobierno del Distrito Federal, los cuales no ha conseguido recuperar.
Los indignados españoles están contra el sistema por el maltrato a que los ha sometido la crisis, porque ven derrumbarse la estructura de bienestar construida durante tres décadas.
Rodríguez Zapatero y su partido asumieron la derrota de las elecciones municipales el pasado domingo con un espíritu democrático, el cual, a pesar de los despropósitos del movimiento M-15, no han perdido ninguno de los partidos mayoritarios españoles.
Y conste, no le atribuyeron la derrota a ninguna conjura de las fuerzas oscuras del mal, ni a conspiraciones subterráneas de “los poderes fácticos”.
Tomaron sus decisiones y asumen las consecuencias de ellas.
Como dijo alguna vez el histórico izquierdista español Santiago Carrillo: “En política no hay arrepentimiento, si uno se equivoca, pues se equivocó, pero no se arrepiente”.
jfonseca@cafepolitico.com

