HORIZONTE POLÍTICO
Río de Janeiro parece haber definido su pontificado
Alonso Ruiz Belmont
En apenas cuatro meses de vertiginosos cambios, el papa Francisco está logrando proyectar una imagen de austeridad y convicción reformista que ha sido acogida con entusiasmo por amplios sectores de la opinión pública internacional. Su exitoso viaje a Río de Janeiro parece haber definido los ejes centrales de su pontificado: compromiso social con los más pobres, renovación ética en la Iglesia católica, impulso a la participación ciudadana para transformar la política y la economía; reivindicación del Estado laico, tolerancia sexual y respeto al pluralismo religioso.
Dos temas son prioritarios en la agenda de reformas del nuevo papa: la limpieza de la corrupción en las finanzas vaticanas y la lucha contra las redes de abuso sexual en el interior de la iglesia. El 26 de junio la Santa Sede anunció la creación de una comisión especial para investigar las presuntas irregularidades en el Instituto para las Obras de Religión (IOR), el banco del Vaticano. La comisión llevará a cabo la reforma total o, en su caso, el cierre total del IOR. Cuarenta y ocho horas después la policía fiscal italiana arrestó a monseñor Nunzio Scarano, un alto prelado, por presunto lavado de dinero, fraude, corrupción y calumnia.
Dos días más tarde, el Vaticano comunicó las renuncias de Paolo Cipriani, director general del IOR y Massimo Tulli, su vicedirector. Ernst von Freyberg, presidente del IOR, asumió interinamente el puesto de Cipriani. El 11 de julio Francisco reformó el reglamento jurídico del Estado Vaticano. El ordenamiento legal endureció significativamente las penas contra el abuso de menores y el lavado de dinero, abolió la cadena perpetua e introdujo la figura criminal de delitos contra la humanidad.
Las primeras resistencias en el interior de los grupos de poder eclesiásticos amenazados por las investigaciones sobre corrupción se manifestaron el 19 de julio. La prensa italiana reveló que monseñor Battista Ricca, nombrado por el papa el mes anterior para vigilar el funcionamiento del IOR, había tenido una relación homosexual años atrás y llevó una disipada vida nocturna durante su estancia en la nunciatura de Montevideo, Uruguay. El hecho le fue ocultado deliberadamente Francisco con la intención de tenderle una trampa al sumo pontífice y desprestigiar los trabajos de la comisión especial.
Sin embargo, un informe recién elaborado por la fiscalía de Roma, acusa a Cipriani y a Tulli de falta de transparencia en el manejo de las finanzas del IOR. El documento también sugiere que el IOR, caracterizado históricamente por contar con la misma opacidad y confidencialidad que cualquier paraíso fiscal, podría haber sido usado para realizar operaciones ilegales. No hay manera de saber si el compromiso ético de Francisco tendrá éxito.
En 1978 el papa Juan Pablo I falleció bajo extrañas circunstancias mientras investigaba irregularidades financieras en el IOR. Su truncada agenda reformista también era similar a la del pontífice argentino. Esperemos que Jorge Mario Bergoglio no corra la misma suerte y su proyecto regenerador pueda triunfar.
