Algunas de las sustancias de la cannabis se producen en el cerebro

René Anaya

Ahora que en el Distrito Federal se ha comenzado a discutir la posibilidad de despenalizar el consumo de mariguana, y en Uruguay la cámara de diputados ha aprobado un proyecto de ley para legalizarla con fines recreativos y terapéuticos, conviene señalar que todos somos consumidores de algunos de los productos químicos que contienen la planta Cannabis sativa.

Aunque pareciera una afirmación temeraria, ya que habrá personas que ni siquiera fumen, en realidad algunas de las sustancias que contienen la mariguana y el opio, se producen en el organismo para nuestro bienestar físico y mental.

 

Otro sistema de comunicación cerebral

En la década de 1970, investigadores de Suecia y Estados Unidos descubrieron el receptor específico de la morfina en el cerebro. Este hallazgo provocó dudas, pues no se comprendía porqué el cerebro humano contaba con un receptor para una droga. Se sabía que para que una sustancia extraña al organismo actuara dentro de él, debía acoplarse a un receptor específico (los receptores pueden semejarse a una cerradura y las sustancias extrañas a una llave).

Los especialistas no entendían porqué existía una “cerradura” o receptor específico para la “llave” morfina. Pronto encontraron la respuesta: el cerebro produce sustancias con efectos parecidos a los de la morfina; por lo tanto, esta es un “duplicado” de la “llave natural” que abre la “cerradura” o receptor específico del cerebro. A esas sustancias cerebrales, que quitan el dolor y producen una sensación de bienestar, se les llamó encefalinas, endorfinas y dinorfinas.

Al descubrimiento de esta nueva forma de neurotransmisión, al que se le llamó sistema opioide endógeno, siguió la búsqueda de sistemas semejantes para los cannabinoides de la mariguana. A finales de la década de 1980 se encontró el primer receptor (“cerradura”) de cannabinoides, el receptor CB1, pero no fue sino hasta 1992 cuando se descubrió el primer cannabinoide producido por el ser humano, al cual se le llamó anandamida (del sánscrito ananda, que significa “bienestar interior”, “la gloria”, “la bienaventuranza”).

En los años siguientes se encontró el receptor CB2 (endocannabinoide 2-araquidonoil-glicerol) y otros, pero los más importantes y mejor estudiados son los CB1 y CB2. Otro descubrimiento importante de la última década del siglo XX fue la identificación de los diferentes elementos del sistema endocannabinoide, como las enzimas de síntesis y degradación. Inclusive, ahora se conoce que los endocannabinoides están presentes también en corazón, hígado, bazo, órganos reproductores y sistema gastrointestinal

Finalmente, en los inicios de este siglo se obtuvieron las primeras evidencias del papel que desempeñan los endocannabinoides en la comunicación del organismo. Se trata del Sistema cannabinoide endógeno (SCE) que actúa como modulador de la actividad sináptica, por lo que se les conoce como mensajeros retrógrados.

 

Las virtudes de los endocannabinoides

El investigador español Daniel Alonso-Alconada y colaboradores, en su trabajo “Potencial terapéutico del sistema endocannabinoide en la asfixia perinatal”, publicado en la Revista Neurología en 2011, refieren que los endocannabinoides “actúan como mensajeros retrógrados inhibiendo la liberación de neurotransmisores excitadores e inhibidores como ácido gamma-aminobutírico, serotonina, adrenalina, dopamina, acetilcolina o glutámico, mediante la activación de los receptores CB1 presinápticos, regulando múltiples sinapsis y, por último, participando en el control de la supervivencia neuronal”.

Por su parte, Javier Fernández-Ruiz, de la Universidad Complutense de Madrid, en su artículo “Fármacos cannabinoides para las enfermedades neurológica: ¿qué hay detrás?”, que apareció en la Revista Neurología en 2012, planteó que el SCE “desempeña un papel modulador en diferentes procesos fisiológicos, principalmente en el cerebro, aunque también en los sistemas inmune y cardiovascular, y de forma menos clara, en el metabolismo energético y en el sistema endocrino”.

En el cerebro participa en “la regulación de la actividad motora (sic), en procesos de aprendizaje y memoria y en otros aspectos de tipo cognitivo, en el control de la ingesta y del apetito, en la regulación de la temperatura corporal, en la emesis [vómito], en el control de la nocicepción [procesamiento de estímulos potencialmente dañinos para el organismo, como el dolor], en la regulación neuroendocrina y en el control de la supervivencia neuronal”, según resume Fernández-Ruiz.

Entonces, los cannabinoides parecen tener un enorme potencial curativo. Por lo tanto, en la discusión sobre el consumo de la mariguana, debería tomarse en cuenta que algunas de las sustancias activas de la planta son susceptibles de ser procesadas con fines terapéuticos por la industria quimicofarmacéutica, lo que podrían ser una fuente lícita de ingresos.

Por supuesto que estos beneficios de los endocannabinoides y de las encefalinas no son argumentos en favor del consumo indiscriminado de la mariguana y los derivados del opio, ya que como toda sustancia, su abuso puede ser nocivo para la salud, como lo son el alcohol y el tabaco.

 

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