A contracorriente

Nueva imagen de peleadores callejeros

 

René Avilés Fabila

 

Si antes teníamos la impresión de que los panistas eran muy bien educados, de buena cuna —como dicen los expertos en genealogía o en notas de sociales—, egresados de escuelas particulares, de buenos modales y amplio léxico, ahora todos hemos modificado nuestra inocente impresión. Luego de escuchar declaraciones de Mariana Gómez del Campo (irrepetibles textualmente en mi nota) que mencionaban que al fin del día el detritus flotaba y de soportar infatigables discursos de pobreza inaudita de Gustavo Madero, no tenemos duda del equívoco. No son mejores que los demás mortales que habitan en la sección llamada México.

La discusión sobre la reforma interna del PAN —bien sazonada con los resultados electorales, las pugnas internas, es decir, la vulgar lucha por el poder, los ajustes de cuentas y un sinfín de etcéteras— hizo que las más recientes disputas se convirtieran en acres reuniones, de enemigos, no de camaradas. Se insultaron entre sí, se ofendieron de muchas maneras, se jalonearon sin pudor. Tal como si se tratara de una reunión de perredistas, donde tales situaciones son comunes y a nadie le asombra ver a RenéBejarano y a Chucho Ortega entrar en la sala con guantes de box, piedras y navajas. ¿Pero en el decente PAN? Ya pasaron los tiempos en que cada convención suya era como una misa, todos rezaban en voz baja pidiendo buenos resultados. Ahora predominan las bajezas. ¿Dónde quedaron tantas y tantas personas finas y educadas sobre severas reglas religiosas? Ahora mienten, ambicionan lo ajeno. ¿Qué sucedió?

No mucho, y tampoco se transformaron por influencia de sus aliados perredistas. La causa está en que dejaron de lado la devoción religiosa y en su lugar pusieron la política. Una vez que probaron las mieles del poder y del dinero, de los negocios y de la corrupción fácil dentro del gobierno doce años conducido por el PAN, imposible volver a los orígenes. Es indispensable pelear por el regreso a Los Pinos y a los altos cargos que permiten dinero. Es decir, se corrompieron. Tal como uno de ellos, con lucidez lo anticipó, el peligro para el PAN era el poder. Dejaron de ser piadosos opositores para convertirse en dueños del gobierno y ello modificó a los conservadores a grado tal que no han dudado en aliarse a quienes de muchas maneras despojaron: a los perredistas.

Madero le ha hecho un daño enorme al PAN, pero también otros dirigentes menos toscos, como Josefina Vázquez Mota y Ernsto Cordero. Es la suma de ambiciones lo que los está llevando a un desprestigio completo. Ahora utilizan tácticas que uno jamás hubiera imaginado en personas que tanto presumieron su decencia. Tienen razón aquéllos que insisten en que la lucha por el poder corrompe, y que más corrompe el mismo poder, una vez conquistado. No salvaron a México, como declaran.

Para su desgracia, Acción Nacional no se ve desde fuera. Está absorto en sus guerras internas y se dan con todo sin importarle su imagen, su nueva imagen de peleadores callejeros.

 

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