Alejandro Alvarado
La violencia y el crimen son dos temas sustanciales de la literatura porque son una actitud extrema. Gran parte de lo que ha significado la tragedia literaria, subrayada ésta por acciones violentas, ya sea en el personaje protagónico (porque es él quien las comete). Esas acciones extremas forman parte de la arquitectura de la trama narrativa en su índole de tragedia, comenta Eusebio Ruvalcaba, autor de la novela Todos tenemos instintos asesinos (Plaza y Janés).
El creador de reconocidas historias humorísticas en esta obra aborda el tema de la podredumbre del sistema carcelario y el sufrimiento de la gente involucrada en un proceso. Ruvalcaba refiere que cuenta con novelas que podríamos calificar de thrillers, donde hay actos de violencia “y gravita la complejidad de la condición humana, el dolor y la miseria de las clases marginales. Esto, por un lado, no es nuevo para mí, propiamente; del otro, Todos tenemos instintos asesinos es una trama humana, donde vemos el amor entre padre e hijo o entre hijo y padre. El cual tampoco es un tema para mí nuevo, porque lo he venido trabajando de alguna manera”.
—¿Qué representa para usted que este tema arraigado en su obra lo refleje ahora en un thriller?
—Es un tema socorrido en mí. Lo mismo escribo ensayo (si hemos de hablar de géneros, en los cuales no creo yo) novela o cuento, en los que el amor del padre es un motor que anima la historia. A propósito del thriller como análisis de un género es un tipo de juicio que no me compete. Yo escribo, puede ser, una novela rural, de suspenso, una novela urbana y doy mi mayor esfuerzo. En mi mochila no cargo prejuicios de esa manera.
—Usted un lector de novela policiaca, de suspenso…
—Propiamente, escribir novela policiaca, no me interesa. Sí el thriller, en donde hay un crimen, y un ambiente sórdido y atroz; pero lo que significa la novela policiaca, el trabajo de la investigación, de la persecución de un criminal, del papel protagónico de un detective, qué sé yo; eso a mí no me interesa escribirlo. No porque piense que está denigrado, sino porque no me atrae.
—Sin embargo, ¿le gusta imprimir determinadas dosis de violencia en su obra…?
—No tiene que ver una cosa con la otra, porque yo no soy violinista y escribo sobre violinistas. No soy corredor de automóviles y escribo sobre corredores de automóviles. La cosa es que uno, en la maquinaria que tiene adentro, la trama cobra forma y se echa a andar la imaginación y uno puede, entonces, pensar como un asesino, sentir en carne propia lo que siente un hombre al matar a otro hombre; puede sentir en carne propia lo que es una experiencia homosexual, lo cual no significa que uno lo sea sino que la complejidad literaria es la que va armando esas cosas, la que permite que eso vaya adelante.
—El humor ¿cómo puede manejarse en las novelas de asesinos?
—Sí. Eso sí me atrae porque el humor de pronto puede ser detonante en una historia trágica, en un drama. El humor puede ser un elemento que baje la tensión y permita articular dos acciones dramáticas. El humor permite que el lector se apropie de la novela, de la historia, con mayor solvencia.
—Del humor, el desparpajo, de los temas de adolescentes de sus primeros libros como Por qué no te amarraron las manos de chiquito y Un hilito de sangre al tema de la violencia y la crueldad dentro de una cárcel que se describe en Todos tenemos instintos asesinos, ¿cómo siente usted que ha sido su evolución en la literatura?
—Está en proceso. Ya aprendí a usar el punto y coma.
