REFLEXIONES CONSTITUCIONALES

Urgen políticas concretas de solución

Alfredo Ríos Camarena

La presencia de Enrique Peña Nieto ha abierto un horizonte esperanzador,  sobre todo por los fracasos de los gobiernos panistas. El regreso del PRI despertó en la ciudadanía la posibilidad de tener un futuro más claro,  de que la economía mejorara en su crecimiento y distribución y desde luego que nos alejáramos de la noche negra que ha producido el enfrentamiento contra el crimen organizado.

El presidente, sin duda, ha realizado el mejor de sus esfuerzos y nadie puede negar que se ha entregado con pasión a su trabajo de dirigir la nación; sin embargo, no hemos tenido el mejor de los arranques debido a factores externos de carácter económico y político y por la inercia de los temas que se manejaron mal en el sexenio anterior.

La economía mundial ha tenido cada día mayores tropiezos que se reflejan en la pobreza creciente y dramática de la población mundial, en el bajo crecimiento económico y en el avance implacable de la desigualdad.

Algo anda mal en el mundo, afirma Tony Judt, nosotros no somos la excepción; por eso, la semana pasada las estimaciones de crecimiento del país que periódicamente formula el Banco de México: de un 3 a 4% que se había proyectado para este año, se descendió a un 2 o 3%, lo cual desde cualquier punto de vista es insuficiente, pues si como dicen algunos economistas el crecimiento está vinculado a la pobreza, el pronóstico es desastroso; por otra parte, el empleo formal ha disminuido de acuerdo con los datos de los registros del Seguro Social; la calidad de la educación, a pesar del esfuerzo enorme que realiza el Estado mexicano dedicándole un alto porcentaje del presupuesto de egresos de la Federación, los resultados no son nada alentadores.

A estos temas de por sí difíciles, habrá que agregar la inseguridad y el avance implacable del crimen organizado que no ha variado en las mediciones que tienen qué ver con el número de homicidios por cada mil habitantes; además,  las extorsiones, los secuestros y los permanentes escándalos de nota roja, como la liberación del narcotraficante Caro Quintero, nos presentan un panorama nada halagüeño.

En el foro político, los partidos principales unidos a un pacto prendido con alfileres, se destrozan a su interior por falta de conducción y democracia y por la ambición natural de nuevos participantes que quieren cambios ahora que está en franca crisis tanto el PAN como el PRD.

Los avances reformistas se han realizado, pero cada día presentan mayor grado de dificultad, pues en el interior de las Cámaras existen francas diferencias, a tal grado que no se han podido poner de acuerdo en la agenda del periodo extraordinario, y todavía será más complicado cuando empiecen a estudiarse en comisiones,  y más tarde en el Pleno, la reforma hacendaria y la energética.

El horno no está para bollos, es necesario y urgente que el trabajo del gobierno federal se empiece a sentir en la resolución de las necesidades concretas de una población empobrecida; el seguro universal y la cruzada contra el hambre pueden ser palanca que impulse esta política que requiere la nación, pero junto con ella, el aspecto de la producción de alimentos es fundamental y, repetimos, el campo, los productores pobres, ejidatarios y pequeños propietarios, siguen sobreviviendo en condiciones verdaderamente inaceptables.  En otro frente, la inseguridad toma otro rostro en Michoacán y en otros Estados, donde los grupos de defensa comunitarios agregan un tema de preocupación nacional.

Hoy más que nunca, además de las reformas en discusión, se requieren ya, con urgencia, políticas concretas de solución. El aspecto internacional se ha cubierto con éxito, y desde el punto de vista mediático se ha presentado México como una potencia emergente en materia económica; se habla reiteradamente del Mexican moment. Ojalá que esta campaña no sea sólo un gancho del gran capital para meter la mano a nuestra riqueza energética.