“Yo decidí formarme por mi cuenta”, dijo en una ocasión

Roberto García Bonilla

Guillermo Tovar de Teresa es uno de los personajes más extraordinarios de la cultura mexicana contemporánea. Es una suerte de renacentista cuya sapiencia en los tiempos de las redes sociales, ahora obsequia con reflexión aforística y crítica frontal a conocidos, amigos y lectores anónimos.

Nació en la ciudad de México el 23 de agosto de 1956 y gozó de la lectura “mucho antes de ingresar al sistema escolar”. Inició su primera colección a los cuatro años con ayuda de su nana, quien le daba estampas de santos y le platicaba de sus milagros. El principio del saber es la curiosidad y en él fue precoz; nunca cesó, sólo se atemperó de la vehemencia a la formalización de los saberes en distintos ámbitos. El bibliófilo, historiador, melómano, preservador de tradiciones atribuye esa visión en permanente integración de disciplinas y épocas.

Su visionario talento lo llevó a encontrarse y a buscar a los hombres más dotados de su época. La pasión de Guillermo Tovar de Teresa se finca en la cultura, aunque se centró en la historia porque “debes tener un centro de gravedad si no te pierdes”. De niño asistía a las tertulias que se realizaban en casa Ernesto de la Peña —donde se conocieron sus padres—; se leían clásicos grecolatinos y convivía con personajes como Luis Barragán, Mathias Goeritz y Chucho Reyes. Los campos de estudio se ampliaron más y más: el arte colonial, arquitectura, la música, la literatura, la ciencia política…

Adulto desde niño

Tovar de Teresa es un caso excepcional de autodidactismo y se educó a la antigua usanza. La precocidad de su madurez, aunada a una proverbial libertad y autosuficiencia lo alejaron de las universidades, en cuyo ambiente “entro en conflicto con mi propia naturaleza. Yo decidí formarme por mi cuenta”. Aún niño empezó a ejercer puestos públicos como asesor en saberes de historia, arte y la ciudad de México que recorrió al mismo tiempo que aprendía a hablar. A los quince años ya tenía diez años de experiencia como historiador. Se alejó de los cargos públicos en 1983, después de asesorar a Juan José Bremer en la Subsecretaría de Cultura; antes había colaborado con Pedro Ramírez Vázquez. Se convirtió, entonces, en cronista honorario de la ciudad de México, cargo al cual renunció al año siguiente. Habrá que recordar, al respecto, la publicación de La Ciudad de los Palacios: crónica de un patrimonio perdido del cual la editorial Vuelta imprimió más de cien mil ejemplares.

Guillermo Tovar de Teresa. Bosquejo biobibliográfico de Xavier Guzmán Urbiola es un paseo por los dominios y la versatilidad del hijo del Dr. Rafael Tovar y Villa Gordoa. Se conjugan el aliento de un hombre de su tiempo con el recuento de su obra.

Otra figura cardinal en su formación fue su tío germanófilo Ignacio de Teresa y Teresa, residente en la Europa Central de entreguerras, quien le entregó la semilla de la pasión por Marcel Schwob, Flaubert, Musil; Hermann Broch, Joseph Roth y Walter Benjamin. Su abuela materna, Josefina Wiechers, era nieta de la señora Wedeking, hermana del dramaturgo expresionista Frank Wedeking (1864-1918), autor de El espíritu de la tierraLa caja de pandora.

Adulto desde niño, se enriqueció con saberes cotidianos y enciclopédicos tan diversos como inusitados. Es un devoto preservador de la cultura cotidiana y popular así como de sofisticados detalles, ahora hechos a un lado a nombre de las modas; como él dice, por el “presentismo” que nos inunda. Su rigor y respeto por las bibliografías pasma a cualquier académico medio de nuestras universidades, quien que las incluyen en sus textos —en el mejor de los casos— como requisito formal (más por aspiraciones curriculares que por afanes de preservación, búsqueda y sistematización del conocimiento). Las bibliografías son índice de la memoria histórica.

A lo largo de veinte años Guillermo Tovar de Teresa investigó en acervos de todo el mundo en cerca de un centenar de bibliotecas antes de culminar su magna Bibliografía novohispana de arte en dos tomos (1988). Ha sido uno de los más importantes estudiosos sobre la preservación de nuestra catedral metropolitana de la cual ha escrito, en colaboración con Jaime Ortíz Lajous, Catedral de México. Retablo de los Reyes. Historia y restauración (1985). Con Carlos Fuentes concibió: Palacio Nacional (1986). Su obra abarca más de cuarenta títulos; la gran mayoría de ellos están agotados. Entre sus libros más recientes se cuentan Censura y revolución. Libros prohibidos por la Inquisición en México (1790-1819) (2009), en colaboración con Cristina Gómez Álvarez, y La primera gran revolución del siglo XX. México, 1910-1921 (2010).

Opiniones sobre su obra

Como investigador, bibliófilo, coleccionista, escritor y difusor de la cultura novohispana y mexicana es un incansable defensor del rescate del patrimonio de “la ciudad de los palacios”. Ha salvado bibliotecas; por ejemplo, la librería Génova; tras el sismo de 1985 adquirió su acervo que superaba los cien mil volúmenes y los repartió entre amigos e instituciones. Él conservó unos quinientos volúmenes; en esa labor conjuntó el pasado colonial, el siglo XIX y el México contemporáneo. Museos, universidades e instituciones se han beneficiado de su sabiduría y mecenazgo.

Los más connotados intelectuales han escrito sobre nuestro mayor conocedor del Virreinato, escrupuloso lector de poesía y crítico de nuestra historia literaria. El pegaso o el mundo barroco novohispano en el siglo XVII (2006) contiene estudios introductorios de David Branding, José Pascual Buxó y Jacques Lafaye.

Fernando Benítez anotó sobre Tovar de Teresa en 1970: “Tengo la convicción de que usted será, querido amigo, el máximo intérprete del arte mexicano”. Diego Ángulo Íñiguez señaló en 1981: “Joven laboriosísimo y afortunado investigador del arte mexicano que estoy seguro dejará una huella profunda en la historia del arte de su país”. Un año antes George Kubler, especialista de arte precolombino de la Universidad de Yale, observó: “Nunca antes en más de cuatro décadas dedicado a la docencia, me ha impresionado un estudioso tan precoz con su extraordinario talento para estos estudios (arte mexicano).

Luis González y González se refirió al autor de México barroco en 1991 “con creciente admiración ante sus fecundidad literaria y la excelencia de su obra”. Y Octavio Paz escribió: “La suya es una contribución esencial a la historia de las ideas que han formado a nuestra cultura y a nuestra nación”.

robertogarciabonilla@gmail.com

Xavier Guzmán Urbiola, Guillermo Tovar de Teresa. Bosquejo biobibliográfico, México, dge-Equilibrista, 2012.