Patricia Gutiérrez-Otero

Gracias a medios de comunicación alternativos, a amigos que viajan fuera de caminos conocidos o que están insertos en lugares no turísticos uno puede conocer verdaderas buenas nuevas que alegran un poco el grisáceo día. Así sucede con la noticia de que en nuestro país, en el que nos quejamos de estar controlados por compañías telefónicas que manejan tarifas más caras que la mayoría de los países, existe un pueblo indígena cuyos habitantes pagan 15 pesos mensuales por su conexión. Se trata de Villa Talea de Castro, en la Sierra Norte, a 113 kilómetros de la ciudad de Oaxaca.
¿Por qué pagan sólo 15 pesos mensuales? ¿Es un regalo de Slim? Por supuesto que no. Es el fruto de la generosidad de un pequeño grupo de cinco voluntarios, cuyos nombres desconocemos, salvo el de Peter Bloom, quienes, ante el fracaso de Talea de Castro para lograr vencer las exigencias de Telcel para instalar el servicio celular, les propusieron una alternativa. Después de que el pueblo había juntado las diez mil firmas exigidas por Telcel reuniéndose con los pueblos vecinos; se rindió ante el costo de la segunda condición de esta compañía: construir una brecha de carretera a la cabecera municipal. Hace dos años Bloom y sus compañeros les plantearon un proyecto. Talea de Castro, según sus usos y costumbres, deliberó y aceptó el reto, hoy esto se denomina Red Celular de Talea (RCT). Bloom y los otros voluntarios prestaron su conocimiento, su saber técnico, el contacto con las firmas; el Ayuntamiento comunitario puso los trescientos mil pesos necesarios para la compra del equipo, mismo que se paga con las mensualidades que de 15 pesos más recargas; los habitantes usan sus propios celulares; la Radio Comunitaria Dizha Kieru manda mensajes informativos a los teléfonos.
Técnicamente “En la comunidad de Talea de Castro se instaló una radiobase celular interna que opera en banda de 900 mHz de uso libre en México, es decir, una red privada que no requiere permiso o concesión; que se conecta a un proveedor de Internet y que contrata con un operador VoIP las llamadas salientes” (Rosagel Sahila, Sin embargo, 25 de agosto de 2013). Aunque ahora permite llamadas por minuto a Estados Unidos 20 centavos a teléfono fijo y a México por 50 centavos a teléfono fijo, la capacidad de la banda de frecuencia sólo permite llamadas de cinco minutos, por lo que los voluntarios reunidos en el grupo llamado Rhizomatica (www.rhizomatica.org) ya han establecido diálogos con la Cofetel para obtener una concesión en la banda de 850 mHz; asimismo, dentro de las innumerables peticiones que ha recibido fuera y dentro del país para realizar instalaciones, le han dado prioridad a pueblos cercanos a Talea buscando equipos más económicos: han encontrado ya uno para otro poblado que cuesta sólo 60 mil pesos.
Con gran honestidad, Bloom reconoce: “Yo tengo contacto con muchas agrupaciones, pero nosotros somos sólo cinco voluntarios y no nos damos abasto. No tenemos un peso para estos proyectos, todo lo que hacemos es voluntario y nos ayuda la organización Redes A. C. con las cuestiones legales. Quisiéramos ayudar en todas partes, pero hacemos lo que podemos”. La generosidad de los miembros de Rhizomatica unida con la fuerza que aún existe en la cohesión de los grupos indígenas que se rigen por sus usos y costumbres ha logrado lo que nadie imaginaba en México: el uso de celulares a un precio muy bajo y sin depender de ningún monopolio.
Cabe mencionar que a los promotores de esta iniciativa les convendría recibir, además de nuestros aplausos y comentarios, más voluntarios desinteresados para seguir brindando sus conocimientos a los pueblos que así se los piden. Iba a decir que Rhizomatica reciba un apoyo económico de algún mecenas o institución, sin embargo, donde entra el dinero las cosas se pudren lo que me hace dudar mucho de este deseo…
Además, opinamos que hay que respetar los acuerdos de San Andrés y las autonomías indígenas; prohibir la explotación minera a cielo abierto; salvaguardar la región de Wirikuta; rechazar los cambios constitucionales relativos al petróleo y los hidrocarburos, el fraking y la explotación en aguas profundas.

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