A contracorriente

No confunden cultura con espectáculo

René Avilés Fabila

Sinceramente nunca había entrado a las oficinas del PRI, hasta hace unos días que su sección capitalina me invitó a dar una plática sobre cultura y política. Me sorprendió la juventud de los militantes y políticos, la mayoría legisladores del Distrito Federal. Hablé con la idea de que el tema no les interesaría. Me equivoqué. Y esto pude comprobarlo con todos aquéllos que conversaron conmigo más allá de la conferencia.

Me llamó la atención encontrar un buen nivel educativo y cultural y sobre todo escuchar ideas novedosas. No confunden como en el PRD cultura con espectáculo y se manejan con una amplia definición de cultura que es incluyente. Saben que si la alta cultura ennoblece, la cultura popular afirma nuestra identidad. Eso realmente me gustó. Por último, recordamos juntos a los políticos y funcionarios que tenían una gran educación, como Adolfo López Mateos, Jaime Torres Bodet, Jesús Reyes Heroles, Griselda Álvarez, Miguel González Avelar y Agustín Yáñez, pues yo, durante la conversación, tracé una línea directa de enorme desarrollo cultural de José Vasconcelos a Ernesto Zedillo. No hablo de temas políticos ni económicos sino de gobiernos que nunca dejaron de mejorar la infraestructura destinada a las artes y cómo ello tenía resultados políticos favorables. Hoy los intelectuales en su mayoría son fanáticos de Andrés Manuel López Obrador y podemos observar a Elena Poniatowska, alguna vez mimada del PRI, recorriendo el país para decirnos que Enrique Peña Nieto quiere quitarle los colores patrios al petróleo. Fue todo.

El fugaz encuentro me dejó pensativo. Alguna vez los intelectuales de mayor peso trabajaron para gobiernos priistas, militaban en tal partido. La lista es tan larga como la de los que hoy siguen ciegamente a Obrador. Recordé una escena donde Carlos Salinas era flanqueado por dos intelectuales destacados: Víctor Flores Olea y Enrique González Pedrero. El público lo conformaba la totalidad de los intelectuales mexicanos, entre ellos Octavio Paz.

¿Qué pasó? Hay dos razones, no más: se hartaron del PRI o el PRI no supo tratar con ellos, los olvidó. Hoy Peña Nieto los evita. No ha tenido nunca un encuentro con este sector de la sociedad. Carece de política cultural y jamás se le ve cerca un literato, músico o pintor. Como Miguel Ángel Mancera, se rodea de deportistas, figuras de la farándula, y dudo mucho de que las cosas mejoren a menos que los jóvenes políticos se percaten de la importancia de la cultura en el desarrollo de la nación, y traten de recuperarla.

Sé que el problema es más agudo y que la globalización permite confundir cultura con espectáculo, como ha dicho Mario Vargas Llosa o que, en términos de Gilles Lipovetsky, la cultura de masas se ha adueñado del planeta en el proceso globalizador del capitalismo. Pero México tiene una honda tradición donde el Estado ha sido el mayor promotor cultural de la nación. Hoy parece olvidada. Todos hacen deporte y casi nadie lee o visita una galería de arte.

 

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