GARBANZOS DE A LIBRO

 

José Agustín

Marco Aurelio Carballo

El escritor José Agustín (Acapulco, 1944) reveló que cuando iba a firmar el contrato de su segunda novela, De perfil, el editor Joaquín Diez Canedo le ofreció un adelanto de tres mil pesos. Cuando pidió dos mil pesos más —porque cinco mil costaba la máquina de escribir eléctrica que el autor deseaba después de utilizar varios años una lettera portátil—, Diez Canedo dijo que tres mil es lo que se le daba a Carlos Fuentes. José Agustín le dijo “pues yo soy mejor”. El editor sonrió y terminó por firmar por cinco mil el cheque.

José Agustín acababa de publicar La tumba y la novela fue recibida como un “superventas”. Así que todo el mundillo literario estaba en espera de la segunda historia de jóvenes de los años sesenta y fue otro éxito. A José Agustín, entrevistado por Emiliano Ruiz Parra para Reforma, le preguntaron: “¿Y la fama?”: “La única fama que yo conozco”, respondió, “es una panadería de la colonia Narvarte”. También contó que desde que decidió ser escritor, no dibujante como su hermano, ni piloto aviador como su padre, decidió que lo que él tenía que hacer era escribir y se consagró a ello. Dijo que fueron años de penurias, fue redactor de revistas, colaborador libre de toda clase de publicaciones. Fue Juan José Arreola de quien recibió una propuesta de beca en el Centro Mexicano de Escritores, y lo aprobó con estas palabras: “Considérese un escritor y de los buenos. Su libro es muy publicable y yo se lo voy a reeditar”.

José Agustín atribuye el rigor gramatical en sus libros a las clases que recibió de filología con Guillermo Rouset Banda y Florencio Cámara .

José Agustín cayó en la cárcel cuando la policía le encontró unos gramos de mariguana, y se la hicieron pasar por kilos. La madre de la cantante Angélica María intervino y consiguió que el fiscal se desistiera. A estas alturas, del escritor se opina: “En tres meses se publicaron más de treinta artículos críticos de su novela La tumba, sin contar menciones, chismes. Desacralizó la literatura mexicana, la mota”.

Sobre la legalización de la mariguana, el escritor dijo: “Me parece muy bien, ¿pero no pudo haber sido así hace 40 años? Yo traía casi nada, como 60 gramos, un huato chiquito”.

La última pregunta fue: ­­

“–-Tu ruptura literaria, ¿hizo escuela?

“––No lo sé, mano. Eso dímelo tú. Yo cumplo con escribir”.