Entrevista a Juan Velásquez/Penalista
Irma Ortiz
El pasado 28 de agosto, la nota de ocho del diario La Jornada, firmada por el periodista Jesús Aranda, consignaba “México enfrenta una grave crisis de gobernabilidad: militares y funcionarios”. El texto señalaba que el país está sumido en una crisis de ingobernabilidad que se traduce en el incremento de la violencia, la corrupción e ineficiencia de las policías de todos los niveles, además de la falta de coordinación de las fuerzas federales para enfrentar estos problemas.
Uno de los asistentes al seminario La seguridad nacional integral de México fue el penalista Juan Velásquez, quien resumía en su participación que “México ha descendido en el nivel de gobernabilidad”. Velásquez asegura que su mayor distinción es pertenecer a los planteles de estudios más altos en materia militar, que son el Colegio de Defensa Nacional y el Centro de Estudios Superiores Navales.
Siempre! platicó con el litigante, con 41 años en la profesión, quien explicó ampliamente los temas tocados en esos foros, donde se discutió en primer lugar la desaparición del fuero de guerra y sobre la seguridad nacional.
Da a este semanario su visión de porqué habla de ingobernabilidad en México.
“México habría tenido 25 años de un camino hacia adelante, había injusticias, había hacendados, había pobreza, había iletrados, pero México allí iba, bueno, al final de cuentas dejó de ir; pero, bueno, otra vez comenzó a ir, y para que entonces esos revolucionarios ya en el poder crearan las instituciones que todavía hasta la fecha tenemos, la Secretaría de Educación Pública, rehicieron las que ya teníamos, otras que no teníamos, un Seguro Social, y no sé cuantos años de paz y de progreso. México tenía un desarrollo económico que era ejemplo mundial, un crecimiento del 7 por ciento, y venían de todo el mundo a conocer cómo es que México era un ejemplo.
La alternancia descalificó el pasado
En julio del año 2000, hubo una alternancia política y para ese entonces, los que entonces gobernaron descalificaron todo el pasado de México, nada de lo del pasado, todo hay que echarlo a la basura, bueno hasta el escudo nacional, que se rediseñó. Para decir ¡ahora!, nosotros somos los nuevos y a partir de nosotros, los nuevos, es que México por fin va a ser, y no va a volver a ser ese estado antidemocrático, dictatorial, autoritario.
En lo personal considero que para ya no ser autoritario, el Estado desde entonces dejó de ejercer su autoridad. El Estado tiene a su favor la ley, la legitimidad; las leyes que no son de contentillo, su característica es que se tienen que obedecer a fuerza, nos guste o no.
La característica de las leyes es que son coercitivas, si las leyes se desobedecen, la sanción es un castigo, a veces un castigo de prisión, pero como nosotros no somos autoritarios, como somos diferentes y no autoritarios, entonces no vamos a ejercer la autoridad.
Bueno, vamos, ¡y qué bueno!, a privilegiar el diálogo, que antes que nada haya diálogo, pero si no se llega a algo, no hay más remedio que aplicar la ley, aun por la fuerza, y aun con un castigo. Como en México dejó de haber autoridad —o más bien, como la autoridad dejó de ejercer su mando— para que no se dijera que era antidemocrática, dictatorial, autoritaria y represiva, se dejó hacer a cada quien lo que quisiera y ahora ya tenemos el ejemplo de una cada vez hay mayor ingobernabilidad.
México tenía un verdadero aparato de inteligencia, del que a veces se abusó para espiar a los enemigos, para quizá doblegarlos. Ejemplifico, mira, tengo estas fotos tuyas, tú que aparentas ser tan buen padre y tan fiel esposo, en fin. Por eso, a principios del sexenio del presidente Fox y de esa alternancia, los aparatos de inteligencia que había se comenzaron a desmantelar; ¿por qué?, porque eran aparatos que respondían a un régimen represivo, antidemocrático, que ya no debía existir en esa democracia plena.
Esos aparatos de inteligencia empezaron a desmantelarse y nos quedamos sin esas herramientas, que de alguna manera son necesarias para un Estado, para saber en qué terreno está parado.
La aplicación de la ley
Con este marco de los cambios sufridos por el país, ¿en qué contexto se encuentran movilizaciones como la CNTE, que por un lado expulsa al Congreso de sus sedes, estrangula la ciudad a su antojo? ¿El gobierno está contra la pared?
Me parece que el peor ejemplo es la impunidad, el día de la toma de posesión del señor presidente, vemos cómo “inconformes, vándalos” hacen y deshacen en el centro de la ciudad, destrozan el centro de la ciudad. A éstos hay que detenerlos, están violando las leyes, destruyen la propiedad pública, están lesionando y hay que aplicarles la ley.
¿Cuál fue la aplicación de la ley?, la que a final de cuentas la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, encargada de las leyes del Distrito Federal, reformará esa legislación para que a esas personas, por decirlo de alguna manera, no se les castigara, para que salieran libres y para que se diera el ejemplo de la impunidad.
Así, ya qué me va importar el día de mañana hacer eso, aun y cuando me detengan, si sé que voy a estar detenido dos días y luego me dejan salir, sin castigo. Me parece que de un tiempo para acá —y no aquí en el Distrito Federal, sino en la república mexicana— basta que unos cuantos se unan enarbolando una bandera social, un eslogan, un lema o lucha social para que puedan hacer y deshacer lo que se les pegue la gana.
No es que en la Constitución no esté permitido y garantizado el derecho a manifestarse, pero dice la propia Constitución “manifestarse de manera pacífica”. Si decide el Congreso aumentarnos los impuestos de manera absurda, podemos manifestarnos fuera del Congreso con pancartas, puede ser que con gritos en contra, puede haber un orador. Ahora, eso qué tiene que ver con impedir el funcionamiento de la institución, lo cual sí es un delito federal, impedir el funcionamiento de instituciones del Estado.
Además es un delito convocar a la gente a una rebelión, pero para empeorar el asunto, portan armas, que además son armas que están prohibidas, que son reservadas para las fuerzas armadas. Sin embargo, dicen que son marchas pacíficas, ¿es pacífico que bloquen las calles?, ¿es pacífico que impidan el acceso, la entrada y salida de los edificios públicos?, ¿es pacífico que se apedree la propiedad privada, es pacífico que lancen bombas molotov a las autoridades?, ¿es pacífico que se lesione a las personas?
Sin embargo, ellos aseguran que todo eso es pacífico, ¡ah!, pero si tú, autoridad, me limitas, me impides hacer lo que quiero, entonces lo que hagas no va a ser un acto de autoridad sino un acto autoritario. Va ser un acto represivo, de violencia. Tú, autoridad, vas a ser la responsable de esa violencia en tanto que mi manifestación es pacífica entre comillas; eso es lo que esta sucediendo.
De sediciones y rebeliones
Hoy estamos viendo esa presión de la CNTE hacia el Congreso, para abrogar las reformas a leyes en materia educativa y no vemos aplicación de la justicia.
Hay un delito que aplica y se llama “contra la seguridad interior de la nación” —seguridad pública, seguridad exterior, seguridad interior en tanto la estabilidad de las instituciones—. Un delito llamado justamente contra la salud interior de la nación. Acuérdese, seguridad pública que puede ser seguridad exterior o seguridad interior en tanto la estabilidad de las instituciones, todos los delitos tienen un bien que protege, se dice un bien jurídicamente tutelado: el delito de robo tutela el patrimonio, el delito de homicidio tutela la vida, estos delitos tutelan la seguridad interior de la nación, rebelión, sedición.
Por ejemplo, ¿cuándo aplica la rebelión?; “se comete el delito de rebelión cuando personas no militares, se alzan en armas contra el gobierno de la república, para abolir o reformar la Constitución de ésta, o las instituciones que de ellas emanan, impedir la integración de éstas o su libre ejercicio, separar de su cargo a alguno de los altos funcionarios de la federación”.
¿Y qué es la sedición?: “los que reunidos tumultuariamente —pero sin armas—…” Es decir, una rebelión es con armas; sedición: sin armas, resisten a la autoridad o la atacan para impedir el libre ejercicio de sus funciones, o sea son delitos, y se castigan naturalmente con penas de prisión.
Son delitos del fuero federal por los cuales las autoridades federales están obligadas a actuar; pero además hay delitos del fuero común, como por ejemplo, resistirse a los policías, destruir propiedad privada, impedir la libre circulación, la alteración al orden público… por los cuales las autoridades comunes, las autoridades del fuero común, debieran actuar. Aquí hay autoridad, se han cometido delitos federales, comunes; delitos del fuero federal, del fuero común, que ameritan penas de prisión y por los cuales las autoridades federales y las comunes están obligadas a actuar.
Pero, ¿y si no actúan?
¿Y si actúan deteniendo a los responsables, pero dejándolos dos días libres después, porque sus seguidores se imponen? Todas estas historias que he contado nos llevan a una sola palabra… una sola palabra: impunidad.
¿Qué señal da el gobierno, ya sea el federal o capitalino, cuando mantiene este tipo de situaciones, cuando vemos que se estrangula?
La de la impunidad, impunidad, impunidad.
¿Cuáles son los escenarios, las perspectivas de seguir como están las cosas?
El de una impunidad que nos lleva cada vez más a una ingobernabilidad, que pone más en riesgo la estabilidad de las instituciones, es decir, que cada vez afecta más la seguridad interior del país.
Hacer cumplir las leyes
¿Qué debe hacer el gobierno?
Simplemente ser gobierno, desde luego tener prudencia, nadie dice que sea un gobierno que a las primeras de cambio deba actuar con violencia, qué bueno que se privilegia el diálogo, pero ¿y si no hay diálogo?, pues hay leyes, y éstas se tienen que hacer cumplir porque para eso son leyes. Hay normas sociales, normas morales, religiosas… pero todas ellas son de cumplimiento voluntario y en todo caso tienen una sanción, por decir, moral; en fin, no se puede obligar a la gente a cumplirlas. La característica de las leyes es su obligatoriedad; si una ley se incumple, tiene una sanción, y si esa ley contempla un delito, y si el delito se comete, la sanción es la prisión.
Ha sido muy evidente que la CNTE tiene un buen capital financiero para traer a sus grupos a la ciudad de México y mantenerlos los días que sean necesarios. Algunos señalan que ese dinero que se da por debajo del agua podría ser tipificable como “lavado” de dinero.
No, no sé si sea lavado de dinero… le voy a explicar: la característica del lavado del dinero es que el origen del dinero sea ilícito. Vamos a suponer que a los maestros se les pida una cooperación de su sueldo o que de su sueldo voluntariamente acepten que se les descuente para… en fin, me parece que esta historia comenzó y tuvo un claro ejemplo cuando el plantón aquel de Paseo de la Reforma en el que pasaba uno esa calle de día y se veían las tiendas de campaña instaladas, pero vacías, con un par de personas tomando ahí un café, jugando baraja. ¿Y la autoridad, que hizo?
El problema me parece muy grave, es el de la falta, el que las leyes se violen y que, al hacerlo muchas veces, se cometan delitos y éstos no se castiguen. El hecho de no se castiguen da un ejemplo absoluto de impunidad. Uno de los objetos del castigo es el de intimidar, el de que se ejemplifique.
Que se castigue, que se meta en la cárcel, para dar ejemplo, que digan ¡ah, caray!, esto a mí ya me intimidó, y para que no me metan en la cárcel, ya no lo voy hacer. Pero, ¿y si no lo meten?, o ¿y si lo meten y al día siguiente lo sacan? El problema gravísimo del México actual, desde mi punto de vista y con lo que tiene que ver conmigo, es la impunidad.
¿Con muchas manos metidas en este conflicto?
No le sé decir, pero acuérdese del dicho ese de que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.
El escenario es grave…
Algo que me alienta, con la aclaración de que no soy de partido alguno, porque nunca he sido político, no tuve esa vocación, ni aspiré a ser funcionario público. No obstante, mi simpatía es por el PRI, por el oficio que se fue ganando a través de 70 años de gobernar, uno ve que en ese PRI —por decirlo de alguna manera— hay viejos lobos de mar, experimentados, que no son como algunos de los gobiernos pasados que fueron jóvenes e inexpertos. En fin, me alienta por un lado eso, y por el otro lado, el señor presidente de la república, que me consta es una gente de carácter, que no se deja doblegar.
¿Por qué sé lo de los viejos lobos de mar?, porque son figuras públicas, muchas de las cuales me dispensan su amistad y las he ido conociendo. Ahora, sobre el presidente de la república, lo digo porque fue mi alumno en la Escuela de Derecho en la Universidad Panamericana. Desde entonces lo conozco y he tenido un cierto trato con él, que me ha permitido conocer su carácter. Por eso digo que dentro de estas historias negras que hemos comentado, ese hecho es lo que me da esperanza.
