Patricia Gutiérrez-Otero

Con gozo y sorpresa descubrí que el maestro Luis González de Alba, gran amante de la cultura griega, ha traducido y publicado en Nexos en línea (“Kavafis mío”, 1 de septiembre de 2013) dos poemas de Kavafis, “La ciudad” y “Recuerda cuerpo”, que siempre he amado y que he debido leer en castellano a falta de conocer la lengua del poeta. Uno de ellos lo he escuchado en griego —con su fuerte y rasposa cadencia parecida al vino que alguna vez mi boca probó en una taberna de Esmirna— en voz de mi amigo Jean Robert, sin entenderlo, pero sintiéndolo como uno saborea la música, dejándome llevar por ese sonido y por los versos que mi cuerpo conoce de memoria en español.
Luis González de Alba explica por qué se atrevió a traducir dos poemas que él venera de manera particular y su manera literal de hacerlo, sin compararlo con otras traducciones, ciñéndose al poema, encontrando en él algunas rimas no forzadas, sin pretender explicar lo que Kavafis quiso decir. Se atrevió a hacerlo tras leer una versión de su amigo Gustavo Hirales que le pareció “guanga y floripondiosa”. Luego, tras escuchar a los Panchos para no llorar, se lanzó a la hazaña de traducir los rudos poemas “La ciudad” y “Recuerda cuerpo” del que dice: “Debe tener uno edad suficiente para que pegue duro”. Es cierto, las cicatrices de la edad sobre la belleza de un cuerpo que deviene menos atractivo vuelven más vulnerable a la lectura del poema, sin embargo no es necesaria la edad, también la fealdad que conoce el rechazo continuo o la viva imaginación de quien prevé el paso del tiempo y sus castigos bastan para comulgar con el poema:

Ahora que todo está ya en el pasado,
casi parece como si también esos deseos
se te hubieran entregado: cuánto brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cuánto temblaban en la voz… por ti, recuerda, cuerpo.

Por otra parte, también es suficiente la extrañeza y malestar de quien habita un sitio del que no se siente parte o de quien no encuentra su lugar vital para reflejarse en el poema de “La ciudad”, y descubrir la verdad: no hay escapatoria para uno mismo en ningún lugar, todo se jugó en el ahora y el aquí de la ciudad:

Así como tu vida has destruido aquí
en este pequeño rincón, en toda la tierra la arruinaste.

Ambos poemas son temibles, implacables. La traducción de González de Alba deja ver aún más que no hacen concesiones. Son espejos que no halagan a quien en ellos se contempla. La lengua es parte del poema en que se forjó. Muchas traducciones suelen engalanar lo que de por sí es tosco; muchas traducciones de la Biblia hebraica en español muestran esto, por ejemplo la de Jerusalén, pues el hebreo antiguo es una lengua basta que así debe leerse y que además posee su propio sistema de configuración, muy distinto a las lenguas romances. En este sentido, aplaudo la nueva traducción de los dos poemas de Konstantin Kavafis por Luis González de Alba, recomiendo su lectura, espero que vengan otros.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, que se detengan las mineras a cielo abierto, que se echen atrás las reformas impuestas por el gobierno, que se haga justicia a los niños de la guardería ABC, que no se entreguen los hidrocarburos en manos privadas y que cese la corrupción.

pgutierrez_otero@hotmail.com