Miguel Ángel Muñoz

Tras una dilatada trayectoria artística, Francisco Quintanar (Ciudad de México, 1971), que inició en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, se decantó por una senda gráfica afín a la figuración. Quintanar —que es artista que trabaja en el municipio de Ciudad Nezahualcóyotl, ya con una trayectoria de dos décadas—, ha ido madurando con una cada vez mayor ambición e intuición estética, que me hace recordar unas líneas de San Juan de la Cruz: “Mi emoción nace desinteresada por la imagen, prescinde por entero de la referencia concreta. El espacio, la luz, el ritmo, toman forma…”. En este sentido, su carrera profesional durante la década de 1990 no sólo fue actualizando y enriqueciendo su lenguaje plástico, sino progresivamente dando pábulo a otras inquietudes técnicas y conceptuales. Aunque no abandonó su pasión por el grabado, su mundo se hizo más reflexivo y complejo, y empezó a experimentar con otros materiales y, sobre todo, a adentrarse de diversas maneras en obras tridimensionales. El núcleo de asociaciones gráficas entre telas, libros, metales, materia e imagen, hasta desentrañar sus cualidades poéticas y sensibles. Más allá de la forma, por supuesto, queda el diálogo luz y materiales. Vértigo y belleza.
La trayectoria de Quintanar nos plantea, además, un dilema nada contemporáneo que el artista debe afrontar con resolución: aunar la incisividad perceptiva con la sensualidad formal pertinente, pero en un territorio cerrado que se define conscientemente como pictórico. El arte ha trazado con el tiempo una dilatada paráfrasis “objetual”: monocromas formas orgánicas ordenadas en series gráficas de reverbero antropomorfo, primordialmente impresas en diversos materiales. Un arte “nuevo” en el lenguaje de Quintanar y descontextualizar a la vez.
Desde hace una década apuntó también de forma más clara su querencia por la filosofía, la poesía, y en cierta forma, por las teorías alquímicas del pasado, tratada siempre con un refinamiento lírico, muy visual; sí, pero no obvia, dentro de su discurso plástico. Un ejemplo brillante fue su incursión por el universo del Medievo, no sólo en su literatura, sino en la comprensión de su discurso filosófico y “oculto”, cuyo resultado de sus investigaciones presentó en la exposición Lux et tenebra en el marco del 36 Festival Internacional Cervantino 2008, en la Ciudad de Guanajuato. Esta muestra constituyó para él un peldaño en su búsqueda de un tratamiento más reflexivo e imaginativo de su obra. El arte de Quintanar es también edificado sobre gestos desestabilizadores, ya sea íntimo o monumental.
En cualquier caso, durante los últimos años, Quintanar ha arribado a lo mejor de su madurez con instalaciones que recrean con originalidad su sintonía con la filosofía. En absoluto se trata de una evocación de corte realista, pero no por eso pierde su fuerza y efecto en el espectador, que se siente inmerso en una atmósfera y un ritmo visual continuo, inmovilizado. Inmovilizado, se podría decir, por la pasión, y subrayando la sensación de momentos suspensivos que recrean las atmósferas de un tiempo suspendido. Uno de éstos, además, parece estar levantado por el aire, aunque su espacio sea inerte. El agua, el instante congelado; el poder de la imagen, la falsedad de las apariencias, son algunas de las cuestiones aquí evocadas. Todo obedece a mecanismos reflexivos, pero el impacto visual los trasciende y los seduce, sugiriendo todavía más. Estas imágenes sugieren todo un conjunto de magia. Los cuatro elementos pueden señalar, conducir, transformar. No existe, sin embargo, certeza alguna. Quintanar nos invita, nos muestra y destroza equilibrios para poner en marcha nuevos mecanismos expresivos. ¿Algo más que un indicio?

Texto del catalogo Francisco Quintanar-Obra reciente 2013, la obra se presentará en el Festival entijuanarte 2013 Frontera creativa Explanada del CECUT Tijuana.