A CONTRACORRIENTE
Unos doblegan al gobierno y otros son un poder sin cabeza
René Avilés Fabila
La CNTE pasó de grupúsculo inofensivo a una fuerza capaz de poner de rodillas al Distrito Federal, aterrorizar a legisladores, reactivar el descontento capitalino, a quitarle méritos a Miguel Ángel Mancera, resucitar espantajos que insisten tercamente en ser la izquierda oficial de México y a resucitar a Cuauhtémoc Cárdenas. En medio del escándalo causado por unos cuantos miles de maestros decididos y salvajes, de pronto apareció un anciano líder del otrora poderoso SNTE. Dijo con palabras pausadas que su sindicato representaba a la inmensa mayoría de maestros del país, que son la verdadera fuerza magisterial. Pero no dijo que su dirigente principal, Elba Esther Gordillo, la mujer que hacía y deshacía en el gremio, que lo mismo desacreditaba a Roberto Madrazo que apoyaba a Felipe Calderón, cuya familia ocupa importantes cargos en la administración pública desde hace años, estaba en la cárcel y que, desde esa solitaria celda-cuarto de hospital barato, le era imposible mover a las masas de maestros.
Es verdad, una minoría de maestros ha doblegado al gobierno capitalino y al federal. Ya sin Elba Esther, son un poder sin cabeza. Sigue su rutina y es posible que, aunque no estén de acuerdo con la CNTE, no muevan un dedo para enfrentarlos o al menos para mostrar que hay de maestros a maestros. El SNTE quedó sometido por tantos años de férreo control, al poder estatal. Sin embargo, los maestros que no pertenecen a la CNTE no deben estar lejos de las inquietudes de sus colegas más rebeldes. Las condiciones en las que trabaja el gremio son francamente deplorables. No es posible solucionar problemas ancestrales en unos cuantos días y por disposiciones que para ellos se antojan descomunales. Con los ridículos sueldos que ganan no tienen tiempo ni deseos de superarse ampliamente.
En los tiempos en que Elba Esther estaba libre, con derecho de picaporte en secretarías de Estado y con presidentes de la república, la CNTE estaba recluida en municipios, donde igual descuidaba a la niñez. Hoy se ha adueñado del DF, la agenda política nacional la toma en cuenta. En cambio, los maestros del SNTE se conforman con discursos y malas condiciones de vida y de trabajo.
El problema es político y es laboral, se trata de entender que el magisterio, eje de la vida de cualquier país, ha sido olvidado, humillado. Pasaron los tiempos heroicos en que sacrificaban su vida por defender el artículo constitucional, la educación laica y en momentos socialista. Hoy nos gobiernan rezanderos y personas que no acaban de comprender que lo esencial es el maestro de primaria, de secundaria o de universidad. Reparar el daño y las injusticias cometidas con ellos lleva planeación, decisión, tiempo y dinero. Mientras tanto, impunemente, recorren las calles maltratando a los capitalinos y ridiculizando a las autoridades. Algo peor: aglutinando el descontento que es muy amplio.
Lenin una vez más ha probado que una minoría decidida puede imponerse a la mayoría.
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