LOGOS
Acorralado por turbulencias
Marco Antonio Aguilar Cortés
Es obvio que, a nueve meses de que tomó el poder en México, el presidente Enrique Peña Nieto ya no vive en la luna de miel que se obsequia en la política a quien se inicia en el ejercicio de ese cargo.
Su primer informe de gobierno, rendido en un escenario casero y ante un público afín y cautivo, fue pronunciado en buen tono de voz y con una retórica demasiado gastada.
Dicho sea con respeto y en honor a la verdad, todos los informes presidenciales se parecen demasiado, al menos los percibidos por esta generación de mexicanos sobrevivientes de un verdadero rosario de crisis sexenales.
Desde luego que hay un esfuerzo producido por esa generación que encabeza el presidente Peña Nieto. Y no pocos seguimos confiando en su buena fe; sin embargo, notamos tantas fallas e incongruencias que nos mueven a la preocupación por el destino de México, es decir, por el futuro de los mexicanos.
Se le ve tan cercado por colaboradores que parecen no estar a la altura de las circunstancias, como envuelto por un sinnúmero de turbulencias peligrosas, ya educativas como económicas, políticas como energéticas, de seguridad y de espionaje gringo.
Su aceptable intención de transformar a México, para bien, se contrarresta con procedimientos y tácticas que parecen ir en sentido inverso a lo que dice desear.
Quiere el crecimiento económico del país para acabar con el hambre, o al menos reducirla, pero los índices reales reportan un drástico decrecimiento y un aumento en la pobreza.
Desea mejorar a los maestros, a los alumnos, la educación, pero provoca agitación y retraso en el fenómeno enseñanza aprendizaje.
Todos, incluyéndole, a él, deberíamos reflexionar con responsabilidad sobre lo que nos está pasando. El pacto, la alianza, no tiene futuro si únicamente es con partidos políticos, por más respetables que éstos pudiesen ser.
Las juntas de notables nunca han aportado a la república nada bueno, más si tienen naturaleza electoral de intermediación. La república no puede convertirse en reprivada.
Las protestas sociales se han convertido en el pan, en el pri, en el prd de cada día. Los obreros y los campesinos quedaron borrados de los informes, y a la clase trabajadora, la que realmente produce, no se le puede ignorar.
Éste es el primer informe, pero también es la primera llamada.
La permanente crispación social sostenida en contra de las reformas intentadas no debe ignorarse. Puede ser que el propósito general de las reformas promovidas sea, en el fondo, bueno para el país, pero se requieren tácticas eficaces y operadores eficientes.
No tienen porqué ensombrecerse los actos reformistas del gobierno, por las propias autoridades, puesto que esa actitud provoca agitación social, sobre todo cuando la economía mexicana no evoluciona como se esperaba.
La vida del país no marcha bien, y la calificación real y actual para el presidente no es la que quisiéramos la mayoría de los mexicanos.
