Diversas investigaciones lo demuestran
René Anaya
Ahora que se viven momentos difíciles, no solamente por la situación económica y política, sino también por los enfrentamientos sociales y la inminente aplicación del IVA en los medicamentos, resulta conveniente saber que hay una terapia muy económica: escribir nuestros malestares.
Pero no se crea que como un acto de protesta o de inconformidad, que para eso puede haber muchos otros cauces, sino para mejorar nuestro estado físico y mental y soportar los sobresaltos del país en movimiento, como han demostrado especialistas en escritura expresiva.
Terapia muy antigua
Se trata de una terapia muy antigua que hasta hace poco tiempo ha podido comprobar científicamente sus efectos benéficos. Prácticamente está al alcance de la mano de todos o por lo menos de buena parte de la población, es la escritura expresiva, la cual consiste en poner por escrito los temores, obsesiones, deseos reprimidos, experiencias traumáticas y agradables, con la condición de que no se pretenda darlo a conocer.
Probablemente muchas personas ya hayan experimentado ese bienestar emocional después de un rompimiento amoroso o el fallecimiento de un ser querido, pues sienten que se desahogan y pueden asimilar la pérdida o elaborar el duelo. Lo sorprendente es que las cicatrices físicas también sanan más rápidamente, como lo demostró un estudio dirigido por la doctora Heidi Koschwanez, de la Universidad de Auckland, de Nueva Zelanda, publicado en la revista Psychosomatic Medicine, de julio-agosto.
La investigación se realizó con 49 personas de entre 64 y 97 años, a quienes se les practicó una biopsia en un brazo y se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día, cada cuatro o cinco días. A la mitad del grupo se le indicó que relatara sus experiencias traumáticas y emocionales y a la otra mitad que escribiera sobre sus planes diarios, pero sin mencionar cuestiones sentimentales.
Once días después se encontró que 76.2 por ciento de quienes habían escrito sus experiencias traumáticas ya habían curado, en tanto que 42 por ciento de los que habían evitado expresar sus sentimientos habían cicatrizado. Es decir que la escritura no solamente ayuda a cicatrizar las heridas del alma, sino también las del cuerpo, como lo confirma esta investigación, exenta de interpretaciones subjetivas, como podría suponerse que ocurre con los resultados de psicólogos que practican la escritura expresiva en sus pacientes.
El alivio a la mano
Uno de los precursores de esta técnica, James W. Pennebaker, director del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas, quien se inició en esta práctica terapéutica en 1979, considera que con su experiencia y la de decenas de investigaciones que se han realizado en todo el mundo, “hoy sabemos que la escritura expresiva provoca una serie de efectos en cascada sobre la salud física: estimula la protección inmunológica, relaja y mejora la calidad del sueño, ayuda a controlar la presión arterial, reduce el consumo de alcohol y fármacos. Además, reordena el pensamiento, promueve la conexión con los otros y disminuye las crisis depresivas”, según refirió en una entrevista que concedió a Tesy de Blaise, publicada en el diario argentino La Nación.
Cabe advertir que la escritura de las experiencias dolorosas debe realizarse en el momento oportuno, cuando las personas se sientan preparadas para hacerlo, considera Pennebaker. El especialista ha planteado que se atraviesa por tres fases: en la primera, cuando apenas ha sucedido el hecho traumático la persona afectada no tiene idea de las repercusiones que tendrá en su vida y algunas veces niega que eso haya sucedido. En la segunda fase no hay la disposición para compartir las experiencias, ni siquiera en un diario personal. Finalmente, en la tercera fase la escritura expresiva ayuda a elaborar y ordenar internamente la experiencia dolorosa.
Por su parte, Nancy P. Morgan, de la Universidad de Georgetown en Washington, encabezó una investigación sobre el efecto de la escritura expresiva en personas con cáncer, encontró que cuando ponen por escrito sus pensamientos sobre la enfermedad, se produce una mejoría en su calidad de vida.
Aunque faltan más investigaciones para determinar cómo se relaciona la expresión de los sentimientos con la producción de neurotransmisores y de sustancias y células del sistema inmunológico, lo cierto es que la escritura de situaciones impactantes y dolorosas contribuye a aliviar las heridas físicas y emocionales. Así que la escritura expresiva puede ayudarnos a combatir el estrés físico, psíquico y social.
reneanaya2000@gmail.com
