NUESTRO TIEMPO
Combustible, comburente y carburante
José Elías Romero Apis
En muchos mexicanos y cada día en más, ha empezado a instalarse la sensación de que el país vive en una circunstancia peligrosa para la estabilidad y para la normalidad política. No existe el libro sobre la problemática política mexicana de principios del siglo XXI y sobre su forma de conducirla, de remediarla, de contenerla o, por lo menos, de atenuarla. Ese libro lo tendremos que escribir los mexicanos de hoy. No los de ayer ni los de mañana sino los del presente.
Sin darnos cuenta, ya lo estamos escribiendo. Todos los días agregamos páginas y frecuentemente concluimos y cerramos capítulos.
Decíamos que se sienten peligros. Que se perciben riesgos. Que se adivinan temores. Hay premoniciones que inquietan. Hay suposiciones que asustan. Nos está invadiendo, pues, la incertidumbre. A ésta suele sucederla el miedo. A éste, un mínimo chispazo político lo podría convertir en terror pánico. No se necesita de un estallido. Ése sería el resultado de la chispa, no su causa. En la ciencia de la física los tres elementos de la explosión se llaman combustible, comburente y carburante. En la ciencia de la política a los tres elementos de la explosión los llamamos, respectivamente, escenario, circunstancia y suceso. En ambas ciencias los dos primeros se mezclan y el tercero simplemente se agrega. En ambas ciencias el resultado recibe el nombre técnico de conflagración.
Un estado de subversión se presenta cuando aparecen siete síntomas infalibles:
El primero es la atrofia de la gobernabilidad; el gobierno no puede dirigir sus pasos hacia donde quiere llegar. El segundo es la perturbación de la credibilidad; los gobernados no consideran que se está encaminando hacia donde anuncia que va a ir. El tercero es la disminución de la confiabilidad; con esto se representa que se ha dejado de considerar que hacia donde se encamina sea lo correcto.
El cuarto síntoma es la fragilización de la autoridad; a los agentes y subordinados del gobierno no les gusta obedecer ni a sus jefes ni a las leyes. Por eso cada quien hace lo que le viene en gana. Lo mismo los jueces que los policías que los legisladores que los funcionarios.
El quinto es que se ha atrofiado la sensibilidad; se ha entronizado la falta de oficio político; el gobernado está consciente de que su gobierno no sabe lo que el ciudadano desea o necesita.
El sexto síntoma es la ausencia de respetabilidad cuando la ciudadanía ha perdido comedimento y aprecio por sus instancias de gobierno.
Por último, el séptimo síntoma es la pérdida de esperanza. Esto representa que muchos mexicanos no sólo consideran que estamos mal sino que, además, en el futuro vamos a estar peor.
Estos síntomas nos anuncian de qué tamaño es la bomba. Lo que no se nos garantiza es de qué tamaño es la mecha.
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