A contracorriente
Señales de Estado fallido
René Avilés Fabila
Hace un par de meses, menos acaso, las autoridades federales y capitalinas pudieron llegar a acuerdos con los maestros de la CNTE; hoy, al momento de escribir estas líneas, la protesta magisterial no sólo ha crecido y aumentado de manera alarmante, sino que se ha fortalecido con otras demandas y otras quejas. A las inquietudes magisteriales ahora se suman las de los 400 pueblos, Mexicana de Aviación, Sindicato Mexicano de Electricistas, estudiantes de universidades públicas insatisfechos y una multitud de organizaciones políticas y laborales inconformes.
Amenazan con seguir en el Zócalo a cualquier precio y el día 12 hacer una enorme marcha más, reforzada por las organizaciones mencionadas. Debemos hacer énfasis en que el 15 es la celebración de la Independencia en el Zócalo, y el 16 el tradicional desfile militar que arranca justamente allí para recorrer parte de la zona ocupada por los maestros. Al señalar este punto, no dejemos de lado que en Brasil, una fecha semejante, no fue obstáculo para que sectores de la población de indignados e irritados con la situación imperante se enfrentaran a las fuerzas policiacas. Los resultados estarán cuando la nota aparezca. Esperemos que no sean graves.
Hay un malestar generalizado a pesar del Pacto por México, los acuerdos a los que han llegado los partidos políticos y una sensación de temor por las reformas que acaso no han sido debidamente explicadas a la nación. Por ahora son los maestros de la CNTE los que encabezan la protesta, antes fueron los mineros, luego los estudiantes y así sucesivamente hasta llegar a nuestro momento. Todo ello son señales de Estado fallido. De principio a fin no se ven soluciones claras, políticas precisas, ni en lo cultural y educativo ni en lo laboral y menos en lo económico; el sistema político nacional muestra profundas grietas, sin una diplomacia adecuada, sin idea de lo que sigue en materia cultural, para qué discutir las reformas sin una profunda revisión de lo ocurrido en las últimas décadas.
Los descuidos, la fallida alternancia, las pugnas de los partidos sociales entre ellos y dentro de cada uno, la cantidad creciente de miserables y los constantes aumentos, el problema no es discutir la reforma educativa o el caso de Pemex sino ver que el modelo está exhausto y que debemos buscar soluciones de fondo, no de forma. Pintar el edificio que nos sostiene no basta, hay que repararlo desde los cimientos.
Nos esperan días difíciles; a las protestas en la capital, se suman las que ocurren en las propias ciudades del resto de la república. Son más y de mayor intensidad. No bastan los discursos, los políticos han fallado. La sociedad se agita y las provocaciones suben de tono. ¿Qué piensan hacer la Presidencia de la nación y el gobierno capitalino? ¿Medio defender el aeropuerto, medio darle la razón unas veces a los manifestantes en aras de una libertad de expresión que abruma a la ciudad, seguir viendo a miles de negocios perder ingresos…? No lo sé. ¿Lo sabrá el sistema político nacional?
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