Eusebio Rubalcava

1) El piano permite sopesar, valorar la relación entre el creador y su música. Lo cual se logra a plenitud con un intérprete cabal.
2) México no es tierra pródiga en pianistas. Más bien, se cuentan con los dedos de una mano; acaso un poco más: Angélica Morales, Carlos Vázquez, María Teresa Rodríguez, Esperanza Cruz, Carmela Castillo de Ruvalcaba, Carlos Barajas, María Teresa Frenk, Eva María Suk, Pablo Castellanos, Emilio Lluis, Silvia Navarrete, Mauricio Nader.
3) Nacida en Pachuca el 18 de febrero de 1923, María Teresa Rodríguez falleció el pasado 4 de marzo, a los 90 años de edad.
4) Proclive a renovar continuamente su repertorio, María Teresa Rodríguez
—Teresita, como se le decía en el ámbito de la música— era enemiga de estancarse musicalmente hablando.
5) Por encima de su musicalidad, el dominio técnico de María Teresa Rodríguez era proverbial. Ninguna otra pianista —ni en México y muy probablemente en ninguna otra parte del mundo— pudo haber sido la columna en el taller de creación musical de Carlos Chávez. Eso le permitió ir adelante. Toca música nueva —principiando por la del propio Chávez. Mostrar al mundo las novedades musicales de este país.
6) Mozart le da la bienvenida al piano como instrumento interlocutor. Abrió para el piano el horizonte de lo humano. De ahí en adelante, el piano contendría secretos. Para extraerlos y darlos a conocer, se exigió un nuevo dominio técnico. Los compositores lo adoptaron como enlace entre el alma y la música. Porque técnicamente había avanzado hasta un punto inconcebible. Cada día se enriquecía su capacidad de matizar las emociones humanas a través de su sistema de fuertes y silencios. Una hazaña tan importante para la historia de la humanidad, como la invención de la penicilina.
7) Es de imaginarse las sesiones con Carlos Chávez. Bajo su implacable férula, pasaron numerosos compositores mexicanos. Componían y allí estaba María Teresa Rodríguez para tocar a primera vista obras que aún se encontraban en su fase experimental. Una vez compuesto el pasaje, aun con la tinta fresca, Teresita tocaba —insisto, a primera vista— aquella música y las opiniones sobrevenían. Cosa de verse. Desde luego que la pianista no podía permitirse el gusto de fallar. No frente a Carlos Chávez. Fueron años de este trabajo. Que no se ha vuelto a repetir. Dichosos los jóvenes compositores que pasaron por aquellas aulas.
8) El romanticismo alemán —el romanticismo trágico— articuló piano y creador como nunca antes se había visto. El piano se convirtió en la maquinaria idónea para hacer música. Y para expresarla. Todo mundo tenía un piano en casa. El piano acompañaba sentimientos de toda índole, fueran el amor hacia una mujer, hacia un progenitor, hacia una nación; fueran sentimientos de gratitud, de fraternidad o de admiración. Y si hablamos de México, allí estaban los compositores mexicanos amantes del piano: Ricardo Castro, Felipe Villanueva, Manuel M. Ponce, Antonio Gome­zanda, Ernesto Elorduy.
9) María Teresa Rodríguez honra al país que la vio nacer. Llevó el nombre de México muy lejos y muy alto. Sin caer en términos laudatorios, su modo de tocar entusiasmaba a propios y extraños. Se sumergía en la música. Se embebía del mensaje del compositor y lo transmitía a su auditorio.
10) Beethoven hizo del piano una montaña que era posible escalar con entrenamiento y arrojo. Dotó al teclado de una estructura sólida y poderosa, aunque colmada de peligros. En sus 32 sonatas recorre vastas regiones de la condición humana. Son la Biblia para el pianista. Todos los secretos del piano están ahí. Es punta de lanza.
11) María Teresa Rodrí­guez era dueña de una estructura musical a toda prueba. No conocía escollos. Cualquier dificultad la resolvía. Como si le fuera dado un conocimiento mágico del piano, que iba más allá de cualquier prodigio. Le bastaba con sentarse al piano —quien esto firma fue muchas veces testigo de ese encantamiento— para que su ojo y su corazón captaran de inmediato la obra en su totalidad. Había en ella una facilidad inusitada. Como si el piano fuera más un juguete que un instrumento salpicado de espinas técnicas.
12) Algunas de las sonatas de Beethoven son intocables. Como la Hammerklavier o las últimas tres. La Hammerklavier porque en sí misma constituye un desafío pianístico, que muy pocos intérpretes se atreven a abordar. Para tocarla hay que comprometerse. Son cincuenta minutos de entrega absoluta, de concentración demoniaca. Cincuenta minutos de dificultades técnicas no aptas para pianistas pusilánimes.
13) Obtuvo premios y distinciones a granel —los interesados pueden localizarlos en Internet. María Teresa Rodríguez poseía un talento que suele atraer a los que ven en la música el arte de vencer las más inclementes dificultades interpretativas. Poco importa si fue la primera mujer directora del Conservatorio Nacional de Música; es más importante su aplastante dominio técnico, que le permitió estrenar cuantiosas obras de compositores no sólo mexicanos sino de todo el mundo.
14) En cuanto a las tres últimas sonatas de Beethoven son intocables no por sus dificultades técnicas sino por sus escollos humanos. Son difíciles de tocar porque lo más difícil en música es la interpretación, es decir el modo como el artista siente la música, para finalmente transmitir esa sensación a quien escucha. Y esas tres últimas sonatas de Beethoven son una prueba de fuego, de la que muy pocos pianistas salen airosos. Si se busca una equivalencia en el resto de la obra beethoveniana, habría que pensar en sus últimos cuartetos de cuerda, verdaderos compendios de filosofía.
15) María Teresa Rodrí­guez contribuyó a pasos agigantados a solidificar la creatividad musical en México. Quien desee escucharla, no tiene más que sentarse a oír sus grabaciones.