Patricia Gutiérrez-Otero
El nombre de la antología de la poesía morelense, cuya selección fue realizada por el escritor Ricardo Venegas, Estaciones bajo el volcán (Ediciones Eternos Malabares, editado con el apoyo del programa Proyectos de Inversión en la Producción de Obras Literarias Nacionales del conaculta-inba, coedición de la Secretaría de Cultura de Morelos. Cofrades, 2013), hace una clara referencia a un gran escritor extranjero que vivió en Cuernavaca donde escribió una de sus grandes obras: Bajo el volcán, me refiero a Malcolm Lowry. Sobre la antología mencionada charlamos con el autor del poemario Turba de sonidos.
—¿Por qué decidiste hacer alusión a Lowry? Por otra parte, el hecho de referirte a las estaciones indica, al ver las fechas de nacimiento de los autores que presentas, que elegiste poetas de los años cincuenta a los ochenta, ¿cuál es la razón de esta opción?
—Quise realizar una fotografía de la producción literaria actual de Morelos. El mejor antecedente para ello era Bajo el volcán, una novela que sigue teniendo una vigencia devastadora. Hoy sabemos que esa obra fue reescrita en cuatro ocasiones marcadas por el alcoholismo del autor y sus lapsus: Lowry meditó la historia que se regeneró como ave fénix en cada intento por ser borrada. Lo mismo ha sucedido con la poesía de Morelos en los grandes intentos por ser borrada y por imponer otras voces sin sentido, la poesía siempre se regenera. Las estaciones indican lo mismo que un poeta ya dijo en el epígrafe del célebre Ómnibus de poesía: “el (libro) que lleva carruajes de todas clases y para en todas las estaciones”. Las generaciones incluidas en la antología son diversas, esto demuestra que para ser poeta en Morelos no hay una edad determinada.
—Precisamente, al referirnos a los poetas que aparecen en la antología, ¿además de la fecha de nacimiento hubo otro criterio para elegirlos? Veo que de los trece hay cinco que no son oriundos de Morelos, encuentro sólo a cuatro mujeres, varios tienen ya una amplia trayectoria en el medio…
—Morelos es una entidad de diversidad cultural, muchos habitantes provienen de otros estados de la República y esto es lo que ha enriquecido su patrimonio cultural. Y no porque los oriundos sean incapaces de crear su propia tradición, sino porque esta diversidad ha sido el mayor beneficio para su cultura y ha recibido enormes aportaciones. Debido al clima privilegiado de Cuernavaca, escritores y artistas extranjeros establecieron en algún momento su residencia en esta ciudad. La belleza de Morelos ha propiciado que se le identifique más como un sitio de diversión y esparcimiento —satélite vacacional del Distrito Federal— y no como un centro de actividades donde el quehacer cultural es un eje importante para el desarrollo de su sociedad. Hay que recordar a John Spencer (escultor inglés fallecido hace algunos años), al novelista Manuel Puig, a Erich Fromm, Alfonso Reyes, Carlos Pellicer, Ignacio Manuel Altamirano y Ricardo Garibay, entre muchos otros, que realizaron parte de su trabajo creativo en algún momento en la entidad: ninguno de ellos es morelense, ¿por qué, además, un extranjero deja un emblema como el del volcán en una novela y hoy lo retomamos en una antología de poesía? La respuesta está en la entrega total a la que llegó Lowry, al convencimiento de que al escribir él mismo se redimía, quedaba vivo en las páginas de la novela; y eso es lo que la poesía le da al mundo, la posibilidad de no morir. Cada poeta lleva escrito en el inconsciente el libro que va a dejar su huella. Ese estigma de “provincianismo” que ha impedido reconocer “lo que no es de aquí” se ha ido disipando por el crecimiento cultural de la entidad. Muchas actividades culturales no se realizaron durante las gestiones del PAN. Lo mismo sucedió en los terrenos de la literatura. Los gobiernos panistas sólo publicaron libros para celebrar el Bicentenario, ediciones que no aportaron ningún panorama. Ninguna estela de luz estéril equivale a lo que un poema verdadero te regala.
En cuanto a la diversidad, no me parece una antología machista, es una visión de la cual el lector tendrá la última palabra, es una apuesta y también una forma de antologar. Si se incluyera a todo mundo sería algo poco serio. Voces ya consolidadas como la de Javier Sicilia, Rocato, Norma Abúndez, Armando Alonso, Gustavo Martínez, Kenia Cano, Alejandro Campos, Elizabeth Delgado, Ricardo Ariza, Eduardo Estala, Itzel Sosa y Juan Díaz son aquellas que incluso aparecen en el escenario de la promoción cultural. Casi todos han obtenido premios y han publicado libros importantes. Esto nos coloca en un lugar privilegiado respecto de otras entidades. Hoy vivimos entre balaceras, pero hay una vida cultural profunda que se impulsa como una forma de preservación del espíritu.
—En este sentido, en su prólogo del poeta Sergio Mondragón señala que “La crítica de la realidad comenzó en Morelos muchos años antes de Lowry, bajo variadas formas. Decida el lector el grado en que este libro, guardadas las debidas razones y proporciones, hace honor a tan ilustre y rica historia, no sólo literaria”. ¿Consideras que hay algo, una crítica de la realidad une a estos poetas?
—Sería prudente citar lo que en el año 1950 Valentín López, el cronista más autorizado de estas tierras, al hacer alusión a Lorena Careaga Viliesid en su interesante pero incompleta antología Morelos. Literatura bajo el volcán. Poesía y narrativa (conaculta, 1971-1990), señalaba acerca de la “esterilidad literaria” del “Parnaso morelense”: “La gente en Morelos está imbuida en el paisaje” (…) “Al formar parte de éste, lo goza, pero no lo expresa”. Por supuesto, la visión de este cronista ya es anacrónica. Los caminos de la creación literaria en Morelos se han multiplicado.
Los poetas hemos coincidido en una apropiación del paisaje que ya cultivaban los poetas del siglo XIX, pero también en una crítica de la realidad social, pues casi todos cuestionan el status quo. Ningún poeta está en el limbo, aunque muchos políticos incultos lo piensen así. Se ha ido forjando una tradición que a través de la poesía busca una respuesta a esta realidad social criticada, pero la poesía en sí misma ya es esa respuesta, es la necesidad de saciarse de la duda, del resquemor que nos hace sentirnos como pasajeros de un viaje que acaba en el punto de partida.
—Veo que a medida que la antología avanza los poetas son cada vez más jóvenes y más autóctonos o nacidos en Morelos, ¿qué ha influido en este fenómeno? ¿Un mayor apoyo de parte de las autoridades a la poesía? ¿La emigración? ¿Una mayor inclinación hacia las letras?
—Creo que la espiritualidad de la poesía —algo muy lejano de la religión— es lo que ha incidido en un estado que cada vez se acerca más a la poesía: nacen más poetas y se forman en una tradición que reconoce sus raíces, aún más que en el terruño, en la lengua que hablamos y asumimos como visión de nuestros horizontes. Hay una oferta cultural mayor, lo que también es atractivo. Muchos escritores del XIX se formaron con lo poco que les antecedía; cuando Riva Palacio dice que la poesía mexicana es crepuscular da en parte en el blanco. Por más celebración que hagamos, hay un tono melancólico que heredamos de los antiguos mexicanos. El “Sólo un poco aquí” de Nezahualcóyotl nos lo recuerda.
—Para finalizar, ¿cómo percibes el interés que existe en Morelos hacia el quehacer poético y hacia la lectura de poesía? ¿Hay un futuro prometedor?
—Hay muchas lecturas, actualmente se abreva de distintas tradiciones, los nuevos poetas —no generalizo— leen la poesía latinoamericana, china, japonesa, italiana, neozelandesa, inglesa, francesa, conocen a sus antecesores, leen lo mismo a Sabines que a Paz y dominan varios idiomas.
En la medida en que haya poetas como Sergio Mondragón o Javier Sicilia tendremos modelos a seguir. Hay futuro y el de la poesía nunca ha sido de multitudes, cierto, pero no conozco a ningún joven poeta que no los lea con admiración, con ganas de retomar su voz y continuar escribiendo ese poema que escriben todos los poetas.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, que se detengan las mineras a cielo abierto, que se revisen a fondo y dialógicamente las reformas impuestas por el gobierno, que no se entreguen los hidrocarburos en manos privadas.
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