“Esta llamada de pocos minutos cambió mi vida. El Papa me llamó y me dijo que había tenido mucho valor y había sido muy fuerte por haber decidido tener a mi hijo incluso después de haber sido abandonada por su padre. Y me ha prometido que lo bautizará personalmente”.
Esta hermosa historia que recoge el diario “Corriere.it” cuenta el terrible momento que vivió Anna Romano nacida en Roma, Italia, cuando a sus 35 años se entera de dos noticias que le iban a cambiar la vida. La primera fue que estaba embarazada, la segunda, que su novio estaba casado y tenía un hijo.
Su pareja decidió abandonarla pero no sin antes aconsejarle que abortara porque el no se iba a hacer cargo del bebé. En aquel momento Anna era un mar de dudas aunque el solo hecho de pensar que podría perder al hijo que llevaba dentro le provocaba escalofríos. “ En ese momento me sentí la persona más infeliz del mundo”, cuenta Anna.
En ese periodo de confusión, la joven romana decidió escribir una carta al Papa Francisco y seguir con su embarazo. Dejó Roma para ir a Gallipoli de vacaciones a casa de sus padres olvidándose por completo de aquella carta en cuya dirección solo había escrito “Su Santidad Francisco, Ciudad el Vaticano”.
Una llamada muy emotiva
Para su sorpresa días después su teléfono sonó: “Vi que me llamaban de un número fijo de Roma que no conocía. Respondí y me quedé sin palabras”, confiesa Anna. Al principio pensaba que se trataba de una broma, pero luego él empezó a comentarme el contenido de la carta y comencé a creérmelo”, añade.
Fue una llamada muy breve pero emotivamente muy intensa: “Me dijo que había leído mi carta, que nosotros los cristianos no tenemos que dejar perder la esperanza. Cuando le dije que quería bautizar a mi hijo pero que tenía miedo de que no fuera posible por ser madre soltera y divorciada, el Santo Padre me dijo que el se ofrecía a imponer el Sacramento a mi pequeño”.
Anna lleva esta promesa en el corazón. “No sé si el Papa encontrará tiempo para bautizar a mi hijo. Que nacerá a principios de abril. Será un niño y se llamará Francisco. Me ha hecho muy feliz su llamada, me ha dado mucha fuerza”. Anna ha querido contar esta historia a el Corriere para servir de ejemplo a todas las mujeres “que se sienten lejos de la Iglesia solo porque han dado con el hombre equivocado”.
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