POLÍTICA Y GOBIERNO
Tiempo de recapacitar
Para Roberto Rodríguez Guerrero,
entregado pionero de la materia,
hoy olvidado en Morelos.
Jorge Carrillo Olea
Sí, un desastre suele ser un desastre donde quiera que se presente. El reto es cumplir con la meta doctrinaria: reducir al mínimo sus efectos y ello solamente se logra con una adecuada planeación y una organización enfiladas a la prevención y correcta gestión.
El caso que estamos viviendo, el producido por los fenómenos hidrometeorológicos Ingrid y Manuel, pareciera que en su etapa de auxilio se atendió con mucho por esa capacidad de improvisación que poseemos. Los hechos no se acogieron a un plan maestro de auxilio, simplemente porque no existe.
Después de los sismos de 1985 no se dio continuidad al esfuerzo creativo que se oficializó en 1986 al decretarse las Bases para la Construcción de un Sistema Nacional de Protección Civil. No tenemos programas nacionales, sectoriales, estatales, regionales y municipales de protección civil confiables, sólidamente constituidos. Hay solamente documentos de simulación.
Las orientaciones medulares y acciones consecuentes no han sido desarrolladas: Faltó fijar con toda claridad los objetivos y respuestas frente a cada agente perturbador; las definiciones estratégicas; la estructuración de políticas oficiales; el promover la solidaridad social y avanzar en la ordenación del territorio.
Casi 30 años después se carece de planes sectoriales y de tipo regional de prevención y gestión auténticas. El beneficio de esos esmeros sería que no se dispersaran los esfuerzos, que no se duplicaran o hubiera vacíos como hoy se ve.
Una prueba manifiesta de esta crítica, motivo de vergüenza y por la sanción que no se dio, es el caso de la explosión en las oficinas centrales de Pemex. Un desastre químico nunca bien aclarado, 37 muertos, patrimonio destruido y ningún responsable, ni del plan preventivo ni de la gestión.
El esfuerzo de 1986 del gobierno de Miguel de la Madrid fue notable, de avanzada, pero se quedó en eso, en fincar las bases que nunca se desarrollaron en lo jurídico, reglamentario, organizativo, investigación y presupuestal. La Escuela “Nacional” de Protección Civil de Cenapred cuenta con seis personas. Fue hasta junio de 2012 que se expidió una ley sumamente esquemática que nunca se desagregó en protocolos.
Como todo lo que no se hace bien, la ausencia de reglamentación y planes de detalle generó espacios perversos para la autoridad, las llamadas inspecciones de protección civil a todo tipo de organismos y sus consecuentes mordidas Es una verdadera mina para esas autoridades. Naturalmente no se inspeccionan escuelas, iglesias, campos deportivos o industriales oficiales, ésos no dejan.
Simplemente se esparció un decir y un hacer vinculados con la protección civil, y de ello se beneficiaron, aunque pálidamente, las autoridades y la sociedad. Hasta ese momento de manera irresponsable, todo descansaba en la capacidad de respuestas muy loables, los únicos visibles, de la Secretaría de la Defensa Nacional, a través de su DN- III.
Los actuales fenómenos destructivos en la fase de auxilio han sido deficientes, la alerta meteorológica no se dio debidamente y no tuvo consecuencias concretas, por eso tanta desgracia. A más de una semana subsiste el hambre y la sed. No puede desestimarse que la Coordinación Nacional de Protección Civil sencillamente estuvo en la luna. No cumplió y la magnitud de los agentes destructivos sorprendió a todos.
La atención oficial a la emergencia se inició con un acto de teatralidad. El presidente envió a un secretario de su gabinete a cada estado afectado, con ello logró dos efectos: anular al gobernador y poner el manejo de una situación grave, de larga duración y que demanda experiencia, en manos de personas sin ninguna competencia —léase la secretaria de Turismo— y sí con un gran protagonismo. Por esto y mil cosas más es que un desastre suele ser un desastre.
Nada está terminado aún, faltan, además de un diagnostico no mediático sino científico, las fases siguientes, la de normalización y reconstrucción. Para subsanar tanta superficialidad e ineficacia urge crear una comisión integral, ponerla en manos expertas y evitar la dispersión de esfuerzos, de medios humanos, materiales, de tiempo y financieros. No será así. Habrá que ejercer sabia y honestamente 50 mil millones de pesos, según el Instituto Mexicano de la Competitividad.
Las graves omisiones de gobiernos pasados pueden ser subsanadas con trabajo y un poco de modestia. Como está visto, se juega la vida y patrimonio de miles de mexicanos, pareciera llegado el tiempo de recapacitar. ¿Será el caso de que la inmodestia una vez más impida aprender una lección?
hienca@prodigy.net.mx
