La cantidad de metano en el planeta rojo es muy pequeña
René Anaya
Durante muchos años se pensó que en Marte podría haber cierta forma de vida. Los fabricantes de leyendas, y de libros que explotan las ganas de creer de la gente, referían que las manifestaciones culturales de los antiguos pobladores de la Tierra testimoniaban la llegada de extraterrestres, como el supuesto astronauta de Palenque.
Al margen de esas charlatanerías, lo cierto es que los exobiólogos (científicos que buscan evidencias de vida fuera del planeta) consideraban que dentro del Sistema Solar nuestro vecino Marte era el que con más probabilidad podría albergar vida, probablemente microscópica. Pero las pruebas efectuadas por la sonda robótica Curiosity parecen eliminar esa posibilidad.
El metano, indicador de vida
Con las modernas técnicas de detección de sustancias químicas, a partir de 2003 se detectó, desde telescopios situados en la Tierra y en satélites espaciales, lo que parecía ser gas metano en la atmósfera marciana, lo cual aumentó las probabilidades de encontrar ciertas formas de vida en la superficie o el subsuelo de Marte, siempre que hubiese formas biológicas semejantes a las nuestras.
En la Tierra, el metano proviene principalmente de microorganismos (95 por ciento) que intervienen en la digestión de los rumiantes, como las vacas, en la descomposición tanto del estiércol de animales de granja como de la basura orgánica. El metano, que está constituido por el enlace de un átomo de carbono y cuatro de hidrógeno (CH4), también se encuentra en los combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) que son producto de la descomposición de la materia orgánica.
Con estos antecedentes, se consideraba que el metano que pudiera haber en Marte, sería producto de procesos biológicos, ya que, aparentemente, se habían localizado columnas de metano en tres lugares cerca del ecuador marciano, a las que se “llamó balsas de vida” porque se suponía podrían ser originadas por microorganismos, aunque esas columnas de metano solamente habían sido observadas desde telescopios.
Por esa razón, la llegada de la sonda Curiosity al cráter Gale de Marte el 6 de agosto de 2012, con su Espectrómetro Laser Sintonizable (TLS por sus siglas en inglés), que es un instrumento extremadamente sensible y preciso, causó gran expectación ya que finalmente se podría detectar metano desde el suelo marciano, lo que podría aportar evidencias de vida extraterrestre. Sin embargo, los resultados han sido desalentadores, según publicaron científicos de la NASA en la revista Science.
Una búsqueda infructuosa
El TLS realizó seis mediciones entre octubre de 2012 y junio de 2013, las cuales no pudieron detectar rastros de metano dentro de los límites de sensibilidad del espectrómetro, lo cual significa que si hay metano en Marte será una cantidad muy pequeña: volúmenes menores a 1.3 partes por mil millones de la atmósfera, equivalente a 10 mil toneladas de metano. Este volumen, según los expertos de la Administración Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio es seis veces menor a la que se estimaba por las observaciones telescópicas.
Se podría plantear que donde se encuentra el Curiosity no está la fuente productora, pero si se emite metano a la atmósfera se debería encontrar más rastros del gas, ya que “el metano es persistente, permanecería por cientos de años en la atmósfera de Marte. No existe ningún mecanismo conocido para que este gas desaparezca rápidamente de la atmósfera: ni biológico ni geológico, ni por degradación ultravioleta de materia orgánica”, ha afirmado Sushil Atreya, astrónomo de la Universidad de Michigan, coautor del estudio.
Por lo tanto, aunque el robot no está equipado para buscar formas de vida, sí podía “inhalar” metano para descubrir el olor de la vida”, como ha señalado Paul Mahaffy, científico de la misión, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, quien consideró: “Si hubiese vida microbiana sana y activa en algún lugar de Marte, se verían señales de eso en la atmósfera”.
En este planteamiento coincide Christopher Webster, científico a cargo del TLS, quien ha reconocido: “Las mediciones realizadas con Curiosity muestran que la atmósfera de Marte no contiene metano o, si tiene algo, es una cantidad mínima. Reconciliar nuestras mediciones con las observaciones desde la Tierra o desde la órbita de Marte implicaría que hay una destrucción muy rápida de metano, cientos de veces más eficiente que los mecanismos de destrucción conocidos. Esto reduce de forma drástica las posibilidades de que haya habido una actividad biológica en la producción de metano, incluyendo microbios metanogénicos [productores de metano] bajo la superficie marciana”.
No obstante, aún quedan esperanzas de que haya otras formas de vida en nuestro vecino planeta, pues en la Tierra existen microorganismos que no producen metano. Por ahora, se debe reconocer, la búsqueda de evidencias de vida marciana con los instrumentos del Curiosity han fracasado.
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