¡VIVA LA DISCREPANCIA!

Verdad, justicia y preservación de la memoria histórica

Raúl Jiménez Vázquez

El gobierno ha hecho explícita su voluntad de romper paradigmas como camino idóneo para mover a México y llevarlo a un sitial de honor dentro del concierto de naciones. Este espíritu aparentemente iconoclasta básicamente descansa en una reforma energética cuyo eje de rotación implica la exclusión del petróleo y la electricidad del ámbito de las áreas estratégicas de la economía nacional, hoy en día a cargo exclusivo del Estado por conducto de organismos descentralizados sujetos a su propiedad y control absoluto.

Por esta razón resulta oportuno recordar que la expresión paradigma fue puesta de moda por Thomas S. Kuhn, quien en el  clásico texto La estructura de las revoluciones científicas consignó que la extraordinaria complejidad del mecanismo del progreso científico puede ser comprendida a partir de dicha categoría fundamental, entendiendo por ésta el conjunto de leyes, teorías, instrumentos y procedimientos admitidos y utilizados por una comunidad científica a fin de resolver un universo de problemas. En dicha obra también se asevera que el abandono de un paradigma no puede darse a la ligera, pues para ello es menester contar con pruebas irrefutables de su obsolescencia, construir el nuevo paradigma y después asegurarse de su efectividad.

A la luz de lo anterior, es evidente que la reforma impulsada por el Ejecutivo federal no tiene justificación alguna puesto que no se ha demostrado de manera contundente que el viejo paradigma es inviable, es decir, que los energéticos ya no son recursos estratégicos, ello no obstante que hidrocarburos y electricidad siguen siendo vitales para garantizar la seguridad nacional y el bienestar de las presentes y futuras generaciones.

Tampoco se ha acreditado convincentemente que estos objetivos torales, incluyendo el aseguramiento del abasto de gasolinas y el suministro del fluido eléctrico, serán alcanzados una vez que entre en vigor el nuevo paradigma, esto es, cuando la riqueza del subsuelo haya sido convertida en una simple mercancía, un mero commodity  sujeto a las leyes, prácticas monopólicas, intereses, vaivenes y contingencias de los mercados.

Así pues, no siendo sensato insistir en aquello que de origen es notoriamente improcedente, se impone buscar otras áreas donde sea propicio el afán transformador de la presente administración. Una de ellas está a la vista de todos: urge sobremanera romper en mil pedazos el paradigma de la impunidad crónica que ha envuelto a los crímenes de Estado, a fin de sustituirlo por uno nuevo aposentado en los valores de la verdad, la justicia y la preservación de la memoria histórica.

En vísperas de la conmemoración de un aniversario más del cruel e inaudito genocidio del 2 de octubre, día legalmente declarado de luto nacional y en el que el lábaro patrio ondeará a media asta en todas las oficinas públicas, esta fecha es idónea para que el régimen promueva un formidable cambio paradigmático y dé el gran salto hacia adelante que nos puede llevar de la locura a la esperanza.