CHARLAS DE CAFÉ

Entrevista a Carlos Fazio/Autor de Terrorismo mediático

Eve Gil

Terrorismo mediático. La construcción social del miedo en México (Debate, México, 2013), del periodista y catedrático mexicano Carlos Fazio, es, además de una exhaustiva investigación periodística, un replanteamiento, “a la mexicana”, del extraordinario libro, hoy clásico, de la periodista canadiense Naomi Klein: La doctrina del shock.

En palabras del propio Fazio, para quienes desconozcan el leit motiv de La doctrina del shock:

“Esa doctrina fue creada por el monetarista Milton Friedman, padre de los Chicago Boys, que introdujo a sangre y fuego el neoliberalismo en América del Sur a comienzos de los años 70. Dicha doctrina es la historia no oficial del libre mercado; un programa de ingeniería social y económica que Klein identifica como el «capitalismo del desastre». Se basa en la aplicación de eventos violentos o traumáticos para infundir miedo, temor y pánico a los individuos, con el fin de debilitarlos y doblegarlos, y, en el contexto de la crisis, introducir impopulares medidas de choque económico, que pueden llegar acompañadas de represión en el marco de un estado de excepción. En Uruguay, Chile y Argentina se introdujeron lisa y llanamente vía golpes de Estado y dictaduras militares”.

En el sexenio de Calderón

Lo que Terrorismo mediático expone, pues, es cómo ese mismo modelo ideológico ha penetrado cada vez menos sutilmente en nuestro país, donde, en especial a partir del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), vivimos un Estado policial en ciernes, fortalecido a través de determinados modelos propagandísticos que constituyen el “terrorismo mediático”.

“En nuestras latitudes —continúa el también autor de una docena de reveladores libros, entre otros, El eje Wojtyla-Ratzinger: ¿la dictadura del Papa?— ha impuesto al «narcoterrorismo» como amenaza idónea a exterminar, con apoyo de gobiernos locales. Han manufacturado nuevos enemigos a modo, funcionales según las coyunturas, como el populismo radical, o la Mara Salvatrucha y los Zetas para el caso de México, con sus antídotos: la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, la Iniciativa Mérida y las «guerras» de Vicente Fox y Felipe Calderón contra el crimen organizado”.

“La construcción social del miedo”, lo denomina Fazio:

“El miedo construye escenarios de riesgo en la subjetividad colectiva y altera la vida cotidiana mediante la angustia, el temor y una sensación de peligro latente. También genera odio; porque el odio es el miedo cristalizado, objetivizado. Miedo/odio a los pobres, a los marginados, a los resentidos, a los diferentes, a los indígenas, a los negros, a los antiCristos. Miedo a los «enemigos de México», elevados a la categoría de “peligro” con fines propagandísticos.

El papel de los asesores

De lo que se trata, en definitiva, es de “hacer gritar a la inseguridad” para abrir las puertas al control y la represión, y por supuesto, tras los ejecutores existen, por así llamarlos, “creativos”, en este caso los publicistas estadounidenses Dick Morris y Rob Allyn.

“Por esos días —agrega Fazio— se supo que un asesor extranjero, Dick Morris, estaba detrás de la campaña negra de Calderón. En su columna semanal en el diario conservador y amarillista The New York Post, Morris, uno de los asesores políticos más controvertidos de Estados Unidos, vinculó al «ultraizquierdista» López Obrador con Fidel Castro y Hugo Chávez. Dijo que López Obrador era parte de un «gran plan» para «arrodillar» a Estados Unidos ante la izquierda de América Latina; pero la única prueba que ofreció fueron «rumores» de que la campaña del perredista recibía financiamiento del mandatario venezolano. La columna llevaba por título «Amenaza en México»”.

“Instalado en el discurso del miedo —prosigue Fazio—, Calderón permitió y fomentó la burocratización de la tortura, la desaparición forzada y los homicidios dolosos extrajudiciales. Al convertir a las víctimas en simples números estadísticos, sin nombres, sin historia ni circunstancia de muerte y mucho menos investigaciones, el gobierno volvió anónimas las ejecuciones sumarias, y al negar la desaparición de personas por agentes estatales y el uso de la tortura como mecanismo sistemático para arrancar y/o fabricar  confesiones, “normalizó” la barbarie: Calderón sumió a México en una catástrofe humanitaria”.

El caso del virus AH1N1

Uno de los más graves síntomas de esa dictadura es la imposición de una cuarentena decretada sin aprobación del Congreso, en flagrante violación del artículo 29 constitucional “sin toque de queda formal ni tanques en las calles, una extraordinaria experiencia de control de población y disciplinamiento social”, bajo el argumento del virus AH1N1, donde se hizo un despliegue, precisamente, de lo que se  revela en La doctrina del shock:

“El virus sí existió —explica Fazio—. Su epicentro fue Perote, Veracruz, y el gobierno lo ocultó. Pero como dijo en la coyuntura el epidemiólogo Marc Siegel, «el virus más poderoso es el miedo»”.

“Por otra parte, más allá de teorías comparativas, todos los elementos de la doctrina del shock están presentes en México. Incluida la «terapia de choque» económico, según las palabras utilizadas a principios de mayo de 2009 en Estados Unidos por el titular de Hacienda, Agustín Carstens. Ante el Consejo de las Américas, en presencia de la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, el funcionario dijo que la terapia de choque funcionó durante la emergencia del flu mexicano, y que el gobierno preparaba reformas estructurales adicionales para la segunda parte del año”.

Por último, el hecho de que Enrique Peña Nieto haya obtenido la presidencia de la república pese a la manifiesta aversión que contra su candidatura se generó en Internet, pareciera enviar un mensaje: la televisión continúa siendo la máxima manipuladora de masas, al menos en nuestro país.

Dice Fazio:

“Una sociedad salvaje, en el sentido social-darwinista, que durante un sexenio asistió impávida al asesinato de miles de niños, jóvenes, defensores de derechos humanos, periodistas y civiles inocentes, no estuvo a la altura de la indignación del movimiento Yo Soy 132, menos pulsional y más pensante, ergo, más impermeable a los spots propagandísticos”.