HORIZONTE POLÍTICO

 

Merkel, una mujer con visión de Estado

A la memoria de Álvaro Mutis,

mi abuelo postizo.

 

Alonso Ruiz Belmont

Tras su aplastante victoria en las elecciones del pasado 22 de septiembre, Angela Merkel (quien obtuvo un tercer mandato como canciller de la República Federal de Alemania) ha reafirmado su posición como la mujer más poderosa de la Unión Europea. Mutti (mami), como cariñosamente la llaman en su país, parece haber sido capaz de asegurar la prosperidad económica teutona ante la brutal recesión que vive el resto de la zona euro. Sin embargo, las apariencias engañan y los problemas bien podrían estar a la vuelta de la esquina.

El partido de la canciller (la democristiana CDU-CSU) consiguió 41.5% del voto, pero ante la debacle electoral de su aliado político (el FDP) inició pláticas con los socialdemócratas del SPD para tratar de formar una coalición estable de gobierno. Merkel (Angie, para sus correligionarios) desea seguir imponiendo sus intransigentes políticas de austeridad a la Unión Europea. También rechaza la emisión de eurobonos para mutualizar las deudas de las naciones más castigadas y una política económica unificada para toda la zona (unión fiscal, social y bancaria). La discreta Angie representa las contradicciones de un país que recela del europeísmo, pero cuya prosperidad está encadenada a la supervivencia de ese proyecto y a la de su moneda común: el euro. Una eventual coalición con el SPD podría forzar un relajamiento de la virulenta ortodoxia merkeliana.

Por ahora, eso no es más que una frágil conjetura. Sin embargo, en unos meses Mutti tendrá que comunicarles a sus compatriotas la inminencia de nuevos e impopulares rescates financieros para Grecia, Portugal, Eslovenia e Irlanda. En todo caso, los verdaderos problemas son otros. La fallida política de transición energética impulsada por Merkel ha incrementado significativamente el costo de la electricidad, amenazando peligrosamente la competitividad de la industria alemana. El problema puede agravarse debido a los bajos niveles de inversión pública en las redes de comunicaciones y transportes.

A lo anterior se sumarán las repercusiones que ocasionará la caída de la demanda externa china (el mercado alemán más importante) en la economía nacional, altamente dependiente de las exportaciones. También deben tomarse en cuenta los efectos negativos que ya provocan las rigideces del mercado laboral germano (limitada innovación tecnológica, baja productividad, barreras a la creación de nuevas empresas) y un sistema de pensiones que podría volverse incosteable, debido a los bajos índices de natalidad experimentados en las décadas previas.

Si Merkel cediese soberanía (como el resto de sus socios) facilitaría la democratización de la Unión Europea y la construcción de una política económica común. Esto entrañaría costos políticos para la canciller, pero salvaría el euro y el futuro de Alemania sería promisorio. Angie tendría que renunciar a ser Mutti y actuar como una mujer con visión de Estado. Una decisión difícil e improbable, pero no imposible.