Gabriela Cerna

El humor negro es el motor de una historia que se combinará con la ternura, el dolor, la desesperanza y lo impotente que la ignorancia provoca.
Con varios premios se ha distinguido a la película Fecha de caducidad (2011) antes de aparecer en México este 2013. Kenia Márquez, la directora del filme, apuesta por inyectarle fuertes dosis de humor negro a la historia. Los personajes abordan el drama con maestría: Doña Ramona (Ana Ofelia Murguía), una madre sobreprotectora y cuidadora de su único hijo (Eduardo España) se verá envuelta en una situación de pérdida del hijo grosero y holgazán, a quien buscará por todos lados pero el enfoque estará en la morgue, donde se terminará por amigarse con la secretaria (Martha Aura); la búsqueda la llevará por caminos o personas insospechados hasta conseguir su objetivo, pero en qué forma y en qué tipo de enfrentamiento. La imaginación de la desesperada madre, aunada a la opinión especulativa de su nueva amiga, harán que doña Ramona salga de su aletargada viudez para recuperar a su hijo. Genaro (Damián Alcázar), un alelado hombre de varios oficios, se involucra en la historia accidentalmente o por su interminable interés de aprovechar todo lo que esté en su camino, casi todo de cosas menores, como un par de zapatos o, también, un carro abandonado afuera de su vivienda. Genaro, de escasos escrúpulos, le llega un nuevo interés: Mariana (Marisol Centeno) pero ella, involucrada en la muerte de su marido, continuará en su fuga.
Las actuaciones de este filme iñarrutiano —los puntos de partida de la historia que regresan para ser vistas desde otro ángulo— son de excelente factura, y el protagonismo recae en Ana Ofelia Murguía —como en la película El infierno, cuando Joaquín Cossío se llevó el inesperado papel principal.
El guión, escrito por la directora y por Alfonso Suárez, juega con el malentendido y las confusiones para hacer de la realidad mexicana, la de la violencia, una de las ficciones más ciertas de este país.