A contracorriente

 

En el marco del IX Festival Internacional de la Narración Oral

René Avilés Fabila

Zacatecas acaba de llevar a cabo el IX Festival Internacional de la Narración Oral, en el hermoso escenario de su ciudad capital. Una semana de lecturas literarias, teatro, mesas redondas, conferencias… Docenas de escritores, académicos, comunicadores e investigadores de la lengua castellana participaron con entusiasmo. Un encuentro rico y afortunado que tuvo excelentes intervenciones e intercambios entre mexicanos y extranjeros. El cierre, poco antes de la clausura, estuvo a cargo de Beatriz Pagés, directora de nuestra casa editorial. Hablamos de un tema interesante e indispensable: “Derrota o enriquecimiento de la lengua española en los medios de comunicación”. Beatriz es una periodista ameritada, que escribe y habla con elegancia y conocimiento del idioma. Escucharla o leerla es un placer.

Tratamos sobre literatura y su vinculación con los géneros periodísticos, pero en especial, de lo que significan las nuevas tecnologías en la deformación del castellano. El abuso de anglicismos, el pésimo manejo de la sintaxis, y sobre todo (Beatriz insistió), la frecuente ausencia de valores éticos, la irresponsabilidad de quien de pronto, por tener una computadora o un celular, piensa que es un comunicador, e informa y opina con ligereza. Este fenómeno degrada el periodismo serio, profesional y desde luego enreda a los receptores y tergiversa la información seria y precisa. Son más opiniones frívolas que confunden y distraen de los problemas reales. Hay celeridad, no seriedad.

Sin embargo, estuvimos de acuerdo en que esas nuevas tecnologías son positivas, pero los usuarios están en pañales: deberán hacer un esfuerzo por proteger el idioma y ser cautelosas al opinar o tratar de informar en las redes sociales. No es posible aceptar cualquier opinión o petición.

Asimismo tratamos la relación o mezcla de los géneros literarios y los testimoniales. La forma en que unos y otros interactúan y ofrecen resultados interesantes sobre todo para el buen manejo del español, al que enriquecen. Fue, en síntesis, un Festival de Narración Oral, un evento destinado anualmente a la protección de nuestro idioma, donde a lo largo de ocho días se sucedieron las pláticas, lecturas de cuentos y poemas, obras de teatro…

La mesa final fue un cierre justo, equilibrado y útil para aquella fiesta de la palabra, donde narradores, poetas, profesores del idioma, mezclados con un público ávido de literatura y comunicación de altos vuelos, mucho añadió a la devoción por el idioma castellano.

El brindis por esos días de intercambio gozoso de palabras castellanas y recuerdos de escritores memorables, vivos o fallecidos, fue enriquecedor para los participantes y para el público, un intercambio de opiniones fructífero. Al concluir, los jóvenes escritores optaron por recorrer callejones para leer sus cuentos y poemas. Una fiesta de la palabra, cordial, emotiva y llena de nuevas ideas.

 

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