REFLEXIONES CONSTITUCIONALES

En materia fiscal

Alfredo Ríos Camarena

 Siempre hemos afirmado que la principal reforma que puede determinar el crecimiento del país y la distribución de la riqueza se encuentra en la denominada reforma hacendaria que tiene que ver con distintas modificaciones al régimen fiscal; con la aprobación de la Ley de Ingresos; y con el Presupuesto de Egresos de la Federación. Al parecer, la propuesta de la iniciativa presidencial pretende darle un carácter social al estimular la creación del seguro de desempleo y la pensión universal. Al mismo tiempo, plantea la necesidad de que paguen más quienes obtengan mayores ganancias, lo cual resulta congruente con el carácter constitucional que deben tener los impuestos de equidad y proporcionalidad.

La presentación de la iniciativa despertó una polémica ríspida y con una crítica mediática enorme; claro, nadie está conforme con pagar impuestos, pero más que nadie, quienes por décadas han tenido un paraíso fiscal en México, pues prácticamente no han pagado impuestos y éstos son dos grupos sociales muy definidos: primero, quienes han eludido cientos de miles de millones de pesos por privilegios indebidos de los que han gozado son los grandes empresarios; dos, los millones de mexicanos que han encontrado en el empleo informal y en la falta de regulación de sus actividades comerciales un refugio para no pagar impuestos, aunque en muchos casos sí pagan cuotas a sus líderes y a funcionarios menores que les permiten operar en las calles sin ninguna restricción.

La reforma aceptó suprimir el IETU y el IDE; eliminar privilegios a pequeños contribuyentes; aumentar el ISR a altos ingresos; e incorporar a la informalidad al régimen de seguridad social.

Sin embargo, lo más importante que de ninguna manera puede perderse de esta iniciativa es el régimen de consolidación fiscal y el pago de utilidades en la bolsa de valores; asimismo, cobrar impuestos a la minería que desde hace años ha sido privilegiada, lo que ha fomentado que millones y millones de dólares se extraigan de nuestra riqueza minera, dejando sólo empleos mal pagados e impuestos totalmente insuficientes.

Destaca la reforma el no aumentar el IVA en alimentos y medicinas y prácticamente fue descartado ya el IVA a colegiaturas; está en discusión el aumento de este impuesto en la frontera.

Otro tema que ha causado crítica y discusión es el que se fije un déficit de las finanzas públicas para 2013, y mucho más amplio, 1.4 por ciento, para 2014. La razón de ese déficit se establece en la necesidad de ejecutar políticas contracíclicas que permitan al estado nacional tener los suficientes recursos para convertirse en el principal motor de la economía, lo cual en este momento cercano a la crisis se considera absolutamente necesario, amén de que corresponde al modelo constitucional de desarrollo.

En cualquier caso, ha habido confusión; se insiste por parte de los críticos que se trata de una reforma recaudatoria y que no explica con claridad para qué se van a utilizar los recursos que habrán de recibir. Por supuesto que la explicación de este tema deberá plantearse con claridad al discutirse el Presupuesto de Egresos de la Federación. El ambiente está muy tenso; la presencia de numerosos cabilderos en el Congreso produce desconfianza y a pesar de que se plantean reformas constitucionales que subrayan el contenido social de la reforma, no se han dado explicaciones que satisfagan a muchos de los opinadores sobre este tema.

La realidad es que atrás de esa campaña mediática que reflejan la prensa escrita, la televisión y la radio están los intereses de las grandes corporaciones que de dientes para afuera hablan de la desigualdad y de la justicia, pero en la realidad, pretenden que subsista un régimen económico que está soportado por la clase trabajadora y campesina.

En resumen, el gobierno debe entender que sus facultades de regulación y de impulso al desarrollo deben ser utilizadas con toda eficiencia y rigor para evitar la recesión económica a la que nos acercamos peligrosamente; más allá de los factores externos, se requiere una nueva visión de la producción y del empleo en donde el sector social debe tener nuevamente un papel de vanguardia.