POLÍTICA Y GOBIERNO

Premio de la Paz para la OPAQ

 

 

Jorge Carrillo Olea

Alfred Nobel volvió a sonreír. Después de la pifia de otorgar su premio a la Paz a Obama en 2009, este año la academia lo otorgó a una institución respetabilísima por sus esfuerzos contra las guerras: la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ). La convención o instrumento constituyente de esta ONG entró en vigor después de larguísimas negociaciones en 1997. Su misión es asegurar la destrucción de las armas químicas y evitar cualquier forma de su desarrollo o proliferación en el futuro.

México es signatario de la convención desde el primer momento, lo que nos hace sujeto obligado de responsabilidades. Un presidente la firmó ¡así es que es una ley ineludible! Pero apareció nuestra jettatura, Zedillo no quiso integrar a la comisión mexicana, Fox expresó que no le gustaba la convención, Calderón la formalizó pero no fue a más, así la vieja fórmula funciona: simula y vencerás.

La primera vez que se utilizaron los agentes químicos (cloro) a gran escala fue en la Segunda Batalla de Ypres, el 22 de abril de 1915 por tropas alemanas, durante la Primer Guerra Mundial. En esa guerra se utilizaron un total de 50 mil toneladas de agentes tóxicos por Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia.

 Un uso indirecto de la guerra química —o sea, sin buscar la muerte inmediata del enemigo— fue el uso del Agente Naranja por Estados Unidos en Vietnam. Fue un grupo de herbicidas y defoliantes de efectos cancerígenos. El objetivo era eliminar la vegetación selvática que abrigaba al Vietcong, el ejército revolucionario, para hacer así más fácil su detección y eliminación.

En 1966 diecisiete premios Nobel y 5 mil científicos más firmaron una demanda para que se suspendiera su uso. No hubo respuesta de Estados Unidos. Como efecto colateral, después de la guerra, Vietnam estima que 400 mil personas fueron asesinadas o mutiladas y 500 mil niños nacieron con defectos como resultado del Agente Naranja, producido por Monsanto, corporativo norteamericano.

De la llamada Segunda Guerra del Golfo, 2003-2011 contra Irak y como antecedente de la conducta moral de Estados Unidos hay que recordar las inexistentes armas nucleares que la comunidad de Inteligencia de Bush Jr. dizque detectó para que pudiera iniciar una invasión que destruyó en Irak un patrimonio milenario, acabó con la estructura productiva del país y le costó 1.2 millones de muertos según la agencia británica Opinion Research Business (http://www.ob-international.com/index.php).

En los recientes y aún vivos conflictos en Siria, nada puede salvar la responsabilidad histórica de su gobierno o de los grupos rebeldes que hayan usado el gas sarín para asesinar a cientos de personas. Nadie puede encontrar una excusa para el hecho terriblemente genocida, pero nadie, como Estados Unidos y sus asociados, podría éticamente haber lanzado un golpe punitivo de tal ilegalidad. Nadie puede lanzar piedras al techo, menos si el suyo es de cristal y es el caso de las superpotencias. Por ese antecedente hoy no son inocentes defensores de la fe.

Así que, doctor Obama, Premio Nobel de la Paz, ¿en dónde estaría la justificación ética a sus amenazas hacia Siria por ser ese país tan criminal como lo ha sido el suyo? En Siria parece que las vísperas de la guerra en su contra por defensores de la democracia ya pasaron. Si no tiene ni para pagar la nómina, ¿cómo puede pensar en guerras?

En México, nada nos hace pensar que algún día seremos actores pasivos de una guerra química, bacteriológica o radiológica, y tal vez por esa sensación tres presidentes, más bien ya cuatro, no han hecho mayor caso de nuestro compromiso.

No se trata sólo de prevenir que un día nos ataquen. Se trata de cumplir nuestras responsabilidades para con la comunidad internacional en lo cual éramos ejemplo y con la que hace tres sexenios estamos en déficit. Antes nuestra palabra pesaba en los foros de desarme, por eso se otorgó el Premio Nobel al embajador mexicano Alfonso García Robles. Hoy no contamos en esos foros.

Por decreto presidencial de Calderón se creó una comisión ad hoc; se nombró oficialmente a Cisen como responsable de organizar y promover mediante la comisión el cumplimiento de las responsabilidades contraídas ante la OPAQ pero hoy el centro se entretiene con su nueva tarea de “policías y ladrones”. La mencionada comisión nunca se ha reunido. ¿Estarán enterados de aquel deber?

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…Suspensivos. ¿Cuál de sus enemigos escribirá los discursos del presidente del PRI, César Camacho? ¡Qué sarta de trivialidades, barbarismos y qué insuflada arrogancia! ¿Dónde andará Jesús Reyes Heroles?

 

hienca@prodigy.net.mx