Gabriela Cerna

Dos muertes fincan la soledad en la historia de una familia que, a pesar de continuar en el tren de la vida, parece que se han detenido. Digo dos muertes porque se habla de una, la muerte física, la de la esposa y, la otra, la muerte emocional, la del marido. Éste, como enuncia Baudelaire: “Lejos de célebres túmulos/ En un camposanto aislado/ Mi corazón, tambor velado,/ Va redoblando marchas fúnebres”.
En la película mexicana Mosca dirigida por Bulmaro Osornio, y guión de él mismo, en colaboración con Gerardo Barroso Alcalá, se centra en un hombre de alrededor de cuarenta años, quien carga sobre sus hombros la muerte de su esposa —de la que no sabemos el porqué de su fallecimiento, aunque de fondo no es necesario pues el enfoque recae en la densa situación que provoca una ausencia—. Se trata de el “Mosca”, un taxista nocturno, el que narra lo que ha venido enfrentando desde hace más de un lustro. Su hija menor, de cinco o seis años de edad, aparece desde que es bebé, ya sólo con el papá. La otra hija de el “Mosca”, de quince años de edad aproximadamente, es poco entusiasta y más bien se refugia en una moda o en el novio.
El “Mosca” menciona que en su esposa había encontrado la plena felicidad porque ella embonaba en sus intereses que iban desde la música a la total convivencia. Mas después sólo guardará de ella, además de sus dos hijas, recuerdos y sueños, en los que él, el “Mosca”, evocará con el dolor de la realidad.
Tomado de un archivo casero, principalmente, se construye una película que va del amor a la soledad, pasando por la muerte. A partir de la muerte de la esposa, el “Mosca” ocupará el papel de ambos padres por el gran amor que tiene en sus hijas pero su esencia viva por todo lo demás es una pantalla gris, una niebla palpable. Para completar el cuadro, igualmente el filme es de una fotografía oscura.
Mosca, película-documental, es un desolador recorrido por la intimidad de una familia de clase media que ambienta la época de los ochenta y noventa, y aterriza en el cotidiano dolor insuperable de la pérdida.