Pamela de la Paz

No te voy a mentir, no es fácil, hace cinco años que empezó la epidemia, mi madre se convirtió al tercer día y no fui capaz de matarla, pero hace un año cuando mi hermana fue infectada no dudé y la maté. No es fácil explicar lo que sentí a aquellos que nunca han pasado por esto, desafortunadamente la mayor parte de los resistentes se han visto en la misma situación.
Después de un tiempo pierdes la noción de lo que es bueno y lo que es malo, lo moral y lo inmoral, todo es cuestión de supervivencia, incluso ir al baño es un asunto de vida o muerte.
Se está haciendo de noche.
Al principio todos se aglomeraban en sitios públicos, los centros comerciales y las tiendas departamentales pronto se convirtieron en guaridas masivas, no funcionó por mucho tiempo, cuando se acabaron el agua y la comida todos empezaron a enfermar y una vez debilitados no pudieron ofrecer resistencia.
Yo fui de las pocas personas que armados con objetos cotidianos nos lanzamos a la aventura.
Los primeros meses los infectados eran escasos pero aumentaban a un ritmo constante, nos tomó un tiempo descubrir que las ratas y los insectos también podían propagar la enfermedad, nadie estaba seguro.
Cuando era más joven y pensaba en un mundo apocalíptico me imaginaba una ciudad vacía, gris, en pedazos. Pero la realidad es otra, al no haber hombres en las calles y siendo los animales mucho más agresivos entre sí, las plantas se han salido de control, es más fácil para los depredadores esconderse sin ser vistos, los santuarios no existen.
Tal vez dentro de unos años todos los animales sobre la tierra se extingan, las plantas recuperen por completo la tierra que les pertenece, se restablezca el orden.
Llevo dos meses sin ver a nadie con vida.
Seguramente en este momento te preguntas cómo me las he arreglado para sobrevivir, te diré que no fue sencillo, al principio fue pura suerte, después aprendí a moverme, no me quedaba en ningún sitio el tiempo suficiente para ser localizada por la fauna local, y cuando los cuchillos estaban dejando de ser un arma efectiva la suerte me volvió a golpear y encontré un camión con garrafones de agua que pude cambiar por municiones en la estación de policía.
No he comido desde hace tres días.
Aprendí a dormir en las cloacas para que el olor a mi alrededor disfrace mi propio olor, robé autos y aprendí a manejar sobre la marcha, yo tenía doce años cuando despertó el primer infectado, cuando comenzó la guerra contra nosotros mismos.
Sé que dije que no te mentiría pero lo hice, hace un año cuando mi hermana enfermó no la maté, en vez de eso le puse un bozal y la llevé a mi lado como si fuese una mascota, ella me seguía sólo porque mi carne aún palpita, pero no por mucho tiempo, hace dos días mientras dormía ella se soltó y al fin me mordió.
No me arrepiento de haber sido incapaz de matarla, después de todo es esa unión a nuestro pasado lo que nos mantiene vivos, lo que nos mantiene cuerdos, lo que nos separa de ellos.
La vista se me está nublando, siento que el hambre me mastica las entrañas, siento los músculos cada vez más entumecidos, se me acaba el tiempo…
Se está haciendo de noche.