PALABRAS MAYORES
Fenómenos meteorológicos
Carlos E. Urdiales Villaseñor
¿Qué va a pasar con la atención que hoy reciben comunidades alejadas no sólo geográficamente, sino que están fuera del radar del desarrollo y apoyo de los tres niveles de gobierno, lo mismo en Guerrero que en Oaxaca, Colima o Michoacán?
Hoy los reflectores nacionales los alumbran y la solidaridad nacional los abruma, aparecen en los medios y son motivo de conversación y preocupación, el presidente Peña Nieto no se cansa de supervisar y pone a más de uno a temblar. Distinto resulta atender la emergencia, que planear acciones de rescate productivo y sustentable para tantas comunidades que aparecen en el mapa del interés colectivo cuando está a punto de desaparecer, literalmente, de los mapas.
La Sedatu y su titular Jorge Carlos Ramírez Marín, aplazan el anuncio sobre presuntos culpables de negligencias y corruptelas que magnificaron letalmente el paso de Manuel, Ingrid y ahora Raymond, pero más que acomodar la fecha, lo que hacen es matizar la expectativa social; no hay tal lista negra de funcionarios presentes o pasados que vayan a desfilar derechitos frente a un juez que pudiera mandarlos a la cárcel, no.
Advierte desde ya el funcionario que la gran protagonista de toda la tragedia reciente es: La lluvia, sí, la condenada lluvia que se juntó y que parece haberse decidido a pegarnos como nunca, y de ahí a adelantar que lo que habrá será una revisión profunda, exhaustiva, contundente, firme, decidida, permanente, integral de… pues de todo para que todo cambie y podamos seguir igual. Ojalá que no.
Las grandes ciudades comerciales y turísticas se reconstruirán al 100% sin duda, a Acapulco llegará inversión y renovadas apuestas a su infraestructura que no tiene igual, lo mismo con las poblaciones medias y estratégicas. Quizá allí puedan subsanarse algunas de esas fallas producto de la corrupción y se reubiquen asentamientos regulares o no, que están donde no pueden.
Pero más allá de Acapulco, Zihuatanejo, Lázaro Cárdenas, Huatulco o Chilpancingo, la atención no puede irse de Cerrito de Álvarez, El Habillal, La Unión, José Azueta, Petatlán, Coahuayutla, San Jerónimo, Coyuca de Catalán, Coyuca de Benítez y muchos otros que en Michacán y Guerrero van a requerir, siempre lo han hecho, algo más que estufas o colchones, cobijas y enseres menores, van a necesitar romper el círculo de pobreza no sólo extrema sino eterna.
Se requieren programas auspiciados por el gobierno o gobiernos, que detonen la economía de esos pueblos, identificar fortalezas culturales muy singulares que les permita con los apoyos adecuados, explotar su capacidad de hacer algo más que subsistir a base de apoyos asistenciales.
Hay inventarios de esas circunstancias locales en la Sedesol y en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas que deben ser actualizados y puestos a operar para permitirnos contar otras historias. Las de éxito de comunidades que en todo el país logren gestionar su propio desarrollo, de exportación de artesanías y textiles que se venden fuera de nuestras fronteras y generan divisas, de un desarrollo que respete y rescate su autenticidad, identidad y que les permitan acercarse al México que solemos imaginar como mayoritario cuando no lo es.
De ahí la pregunta inicial: ¿después de la emergencia, qué?
@CarlosUrdiales
