Mario Vargas Llosa

Marco Aurelio Carballo

Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura 2010, dijo que la literatura existe para hacernos vivir aquello que no podemos hacer en la vida real.

“La literatura —dijo— nos permite vivir otras vidas, salir de una cosa reducida y mediocre e identificarnos con destinos extraordinarios, que rompen la normalidad, que nos hacen vivir pasiones incandescentes, que nos convierten en seres aventureros, que nos hacen vivir la grandeza, el heroísmo y a veces  la maldad”.

Agregó que esa magia de convertir la realidad en ficción para vivir mejor, más intensamente, más de lo que podemos vivir como personas ha sido el gran motor del progreso y del desarrollo humanos y sin ella nunca hubiéramos salido de las cavernas. La ficción, remató, nos hace presentir que hay vidas muy superiores a las que podemos vivir en la realidad, crea un malestar frente al mundo tal como es, lo que se llama espíritu crítico. Con la literatura, dijo, no sólo nos divertimos, mantenemos vivo el mecanismo que impide que la sociedad se congele y se vuelva un mundo de seres resignados. Es un ingrediente inseparable de  la libertad humana.

Vargas Llosa estuvo en el Festival Hay, de Segovia, España, para presentar su novela El héroe discreto, que trata de la historia de un personaje que se niega  a pagarle protección a la mafia, incluso a riesgo de su vida. En la charla, Vargas Llosa confesó que se ha vuelto más comprensivo y tolerante por la edad (77 años)  y por ser abuelo, si bien dejó claro, según la nota del diario El País, que sigue siendo “intransigente en el campo cívico”, como de joven, y mantiene su espíritu crítico contra las dictaduras políticas. En cuanto a los nietos comentó que la relación es maravillosa, porque tiene todos los encantos de ser padre, aunque ninguna de las servidumbres, ya que apenas empiezan a ser problemáticos  se le llama a los padres.

 

Los garbanzos

Vargas Llosa no descarta escribir la segunda parte de sus memorias, Pez en el agua, una vez que termine la adaptación al teatro del clásico El Decamerón.  La segunda parte de sus memorias tratará del periodo que sigue a sus años en París…