POLÍTICA Y GOBIERNO
La disputa por el poder
El engaño en política es tan
difícil de ocultar
como la verdad.
Jesús Reyes Heroles
Jorge Carrillo Olea
Ante el desastre que fue Manuel (ninguna referencia a Bartlett), es evidente el doloroso drama humano, el aún no contabilizado daño material y el que nunca se cuenta: ¡el tiempo perdido! Todo ello en Guerrero que es un estado sumamente complicado en todos sentidos, sin necesidad de abundar.
Cierto es que muchos de sus males provienen de sus gobiernos estatales y municipales que han sido por décadas producto de cacicazgos, lazos de sangre, cuotas, recompensas, componendas, turnos, negociaciones, imposiciones y frivolidades.
Tres exgobernadores tienen ya a sus pollitos calentando el brazo. Uno es hijo de Ángel, otro de Rubén Figueroa y un tercero de René Juárez. Son diputados federales o locales o han sido las dos cosas. Manuel Añorve ha sido presidente municipal de Acapulco cuatro veces y hoy es diputado plurinominal. Algunas esposas afinan también su vocación de servicio.
En Guerrero no existe un sistema electoral, sólo hay pandillas enemistadas en la disputa por el poder. La lucha es entre ellas, el interés popular nunca ha contado. Quizás esto explique tanto retraso, tal corrupción e impunidad. Muchos de esos gobernantes de origen humilde son hoy sorprendentemente ricos. Hay una juventud guerrerense que ve esto con verdadero desprecio y enojo.
Ante mi azoro, alguna vez un gobernador con cínica sonrisa me comentó: “Los municipios y distritos del norte son de Rubén” (Figueroa) y… lógicamente de esa perversidad surge inevitable una tremenda corrupción e insoportable impunidad. Si algo se perdió… ¡quién sabe quién se lo llevó!
Desde 1935, con Gabriel R. Guevara gobernaron el estado miembros de PRI o PNR como era llamado entonces. Así ininterrumpidamente hasta 2005 que se eligió a Zeferino Torreblanca del PRD. Esto no tendría porqué ser una causa o razón fatal, lo grave y que ningún partido quiere remediar son los métodos de selección de candidatos.
No surgen los más prometedores, surgen los miembros de un proceso de la más nefasta práctica política: el dedazo como fórmula final. No debieran ser ignorantes, por lo menos los últimos diez gobernadores han sido universitarios, varios economistas. No ha habido ningún efecto positivo para el pueblo.
Lo que sus currículos no rebelan es la calidad de sus gestiones públicas anteriores. De manera perversa, al ser nominados llegan diamantinos, triunfantes y sus futuros electores quedan electrizados, después… Esta práctica no es privativa de Guerrero, pero ahí se da en grado excelso.
Es el intolerable desenfreno nacional que afecta todo el espacio político. No hay emoción por servir, los puestos públicos son sólo oportunidad para satisfacer ambiciones personales. Nadie imagina al actual gobernador Ángel Aguirre como devoto servidor. Antes ya había sido gobernador, senador y diputado. ¿Habrá hecho algo bien?
Según desplegado del gobierno del estado de Guerrero —La Jornada, 19 de octubre de 2013— durante 2012, éste sólo logró una recaudación propia de: $2, 458, 826 mdp y recibió de fuentes federales $44, 280, 722, esto es, su déficit de ingreso propio fue del 1. 800 %. Ese mismo año tuvo un gasto corriente de 65 % e invirtió sólo el 17%. Y para ajustar cuentas, se contrató un aumento de deuda por $ 521, 083 millones.
El desplegado tiene un tinte de candidez que refleja lo absurdo del manejo presupuestal. Es válido decir que:
1. Históricamente, los gobiernos del estado y municipales han sustituido gozosamente su incapacidad para recaudar impuestos con la comodidad de que la federación los mantenga. 2. De todo el ingreso, el costo por gobernar (con tan visibles deficiencias) es desproporcionado a lo poco que se destina al mejoramiento y desarrollo popular.
El gran auditor del ingreso y del gasto que debería ser el Congreso del estado, como en la de numerosos estados, ha sido una simple comparsa del gobernador. Hoy el Congreso tiene una composición ad hoc: una ventaja de 20 diputados del PRD, más 1 del PT y 5 del MC, es decir, 26 votos seguros para el gobernador sobre un total de 46.
Ningún legislador local ni federal ha levantado la voz exigiendo responsabilidades por las evidentes y múltiples pruebas de corrupción o ineptitud. Esa realidad perfecciona la certidumbre de que el sistema político nacional es inviable y que lastimosamente ninguno de sus integrantes haría nada por cambiarlo.
Entonces, ¿para dónde y cómo va Guerrero?, ¿qué espera de la gestión de los próximos gobernantes municipales y estatales?, ¿qué espera de los futuros legisladores?, ¿qué hacer para que recuerden su calidad de representantes populares en sus dolores y en sus anhelos y que reconozcan que sus cargos no son la antesala del siguiente? ¿Tendrá Guerrero horizonte?
hienca@prodigy.net.mx
