GENÓMICA Y BIOECONOMÍA

Las plantas genéticamente modificadas se cultivan en más de 30 países

Dr. Gerardo Jiménez Sánchez

La ingeniería genética ha tenido un avance significativo a partir de las últimas décadas del siglo XX. Entre sus resultados se cuenta la generación de cultivos genéticamente modificados que son plantas en cuyo ADN se introduce artificialmente uno o más genes con el objeto de expresar un nuevo rasgo que no ocurre en forma natural en esas especies. Algunos de estos rasgos incluyen la resistencia a determinadas plagas, enfermedades o condiciones ambientales, la resistencia a tratamientos químicos como algunos herbicidas, así como la producción de determinados nutrientes o agentes farmacéuticos. Existe un amplio consenso científico en torno a que los alimentos derivados de cultivos transgénicos no representan mayor riesgo para la salud que los alimentos convencionales. Sin embargo, los críticos se han opuesto a los cultivos transgénicos por varios motivos, entre ellos las preocupaciones ecológicas, económicas y otras planteadas por el hecho de que estos organismos están sujetos a las leyes sobre la propiedad intelectual lo que limita su acceso generalizado.

Algunas plantas como el tabaco y la Arabidopsis thaliana se han convertido en organismos modelo para estos fines dado que existen metodologías robustas para su modificación genética y sus genomas han sido estudiados a profundidad. De hecho, el tabaco resistente a antibióticos producido en 1982 fue el primer cultivo genéticamente modificado producido por el hombre. En 1994, el jitomate FlavrSavr cuya vida de anaquel es mayor al jitomate tradicional, fue el primer cultivo genéticamente modificado aprobado para la venta al público en Estados Unidos. Ese mismo año, la Unión Europea aprobó el tabaco resistente a un herbicida, haciéndolo el primer cultivo de esta naturaleza comercializado en Europa. En consecuencia las agencias reguladoras han ido desarrollando estrategias para la evaluación y seguimiento de estos productos. Tal fue el caso de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos que aprobó la papa Bt en 1995, convirtiéndola en el primer cultivo productor de pesticidas aprobado en ese país.

Progresivamente la innovación científica y tecnológica ha generado nuevas variedades de plantas con ventajas sobre otras. Tal es el caso de la canola con una mejor composición en su contenido de aceites, el algodón resistente a herbicidas, el maíz tolerante a insectos y las calabazas resistentes a virus, entre otras. Así, en 1996 ya se contaba con aprobaciones en seis países y la Unión Europea para comercializar plantas genéticamente modificadas con ocho diferentes rasgos de alto valor económico. Más adelante, se han generado cultivos para la alimentación humana con un mayor valor nutrimental como en el caso del arroz dorado producido en el año 2000.

El impacto económico de las plantas genéticamente modificadas es cada vez mayor. En 2011, solo el valor de estas semillas fue cercano a 13.2 billones de dólares a nivel global. Más aún, sus productos finales principalmente maíz, soya y algodón generan cerca de 160 billones de dólares anuales. Los principales participantes en el desarrollo de esta industria incluyen a las compañías productoras de semillas, de agroquímicos, distribuidores de insumos agrícolas, productores, así como universidades y empresas que desarrollan nuevas innovaciones para este mercado.

Si bien actualmente la mayor parte de los cultivos genéticamente modificados se producen en los Estados Unidos por empresas como Monsanto, cuyas semillas se siembran en más de un millón de kilómetros cuadrados en todo el mundo, otras empresas como Bayer y CropScience también tienen una importante presencia en ese país y en Europa. Se espera que la producción de estos cultivos en Asia incremente significativamente en los próximos años.

Si bien estas innovaciones, como muchas otras, están protegidas por un período de tiempo a fin de que sus desarrolladores disfruten de su explotación comercial exclusiva durante algunos años, cuando éste período expira los productos en cuestión pueden democratizarse y comercializarse libremente. Tal es el caso de un número de patentes sobre plantas genéticamente modificadas actualmente en el mercado, que comenzarán a expirar en 2014, lo que representa oportunidades para nuevos desarrollos empresariales. Sin duda, los países con mayor capacidad innovadora en ciencias de la vida, son quienes mayores oportunidades tienen de sumarse exitosamente a la economía del conocimiento para lograr crecimiento económico, beneficio social y enriquecimiento cultural de sus poblaciones.

 

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gerardo.jimenez@genomicaybioeconomia.org

 

 

Profesor de Genómica y Bioeconomía, Harvard School of

Public Health. Presidente Ejecutivo, Global Biotech Consulting Group.

Presidente de Biotecnología de la OCDE.

Presidente de Genómica y Bioeconomía A.C.