PALABRAS MAYORES

 Un cúmulo de desinformación concentrada

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Atestiguamos cómo las negociaciones de dos o quizá tres de las más trascendentes iniciativas de reformas constitucionales se convierten en campañas de fe, de dogma y de desinformación concentrada. Nuestros representantes populares —nos gusten o no, creamos en ellos o no, sepamos quiénes son, y que a ellos les importe o no— van a legislar, van a realizar lo que la ley les permite y obliga.

Las reformas hacendaria, energética y política van engarzadas y por fuera del Pacto por México (cuyo destino incierto podrá definirlo, al cierre del año, la racional de si hay espacio en el resto del sexenio para más o simplemente aplicar aquello de: lo que había se acabó, si alcanzó bien y si no, pues ni modo), con divertidos jaloneos y amarres de último momento entre partidos, afuera y adentro, de una Cámara de origen a la revisora y viceversa, para sacar lo que a convicción, interés y alcance puedan.

En todo el proceso se emiten comunicados, se multiplican las entrevistas y, a pesar de la cobertura y trascendencia, la información que logra mayor difusión no es la dura y concreta, sino aquélla que es dogma de fe, de creencia sin comprobación ni contraste, la que mejor se apega a la ideología de cada individuo y su entorno colectivo.

Así, resultan igualmente válidas las peroratas pro Videgaray como las arengas de Andrés Manuel López Obrador, mentiras o verdades a medias, da igual; si un aludido o varios lo desmienten y exigen pruebas, son borrados de ese espectro por lo mismo, porque son Chuchos, porque son enemigos, y Miguel Barbosa se llena diciendo que ellos —el PRD— sí son leales a la gente pero no son una oposición irresponsable, y Armando Ríos Piter vota a contrapelo de sus compañeros amarillos y argumenta que a su estado, Guerrero, sí le conviene la miscelánea propuesta por el PRI, y así pululan los combates de frases y posturas grandilocuentes para llevar más agua a sus molinos.

Falta decidir si matan o no, a cambio o como pago, al IFE para crear el INE, y la reforma energética despierta la imaginación y comprueba que la desinformación vende, que la estridencia hace cómplice a la estulticia y permite, por ejemplo, que el Partido del Trabajo paute desde hace meses anuncios de radio donde llaman a impedir la entrega de las utilidades petroleras ¡a extranjeros! Y los gobernadores arremeten en contra del nonato INE alegando que quién va a liquidar al personal que hoy trabaja en lo electoral. Soberanía, democracia y nacionalismo son insumos de este tsunami de declaraciones ramplonas pero efectistas y, a veces, eficientes.

Pronto vendrán ya los discursos triunfalistas: “lo logramos”, “lo impedimos”, “lo suavizamos”, “lo controlamos”… Y así a lo que le acomode a cada uno. Suena como aquello de “ya nos saquearon… no nos volverán a saquear”, del tristemente célebre José López Portillo.

A más y mejores medios, a las multiplicadas capacidades de comunicación, no siempre acompaña mejor información; a falta y pereza de datos, la fe como dogma y argumento.

 

Salvavidas verde

En medio de la gritería, surge una propuesta que merece análisis y promoción: la iniciativa del PVEM para crear una Agencia Nacional de Seguridad Industrial en materia de hidrocarburos. La presidenta de la comisión de Ecología en el Senado, Ninfa Salinas Sada, propuso crear una instancia que concilie desarrollo económico e industrial, con la conservación y sustentabilidad del medio ambiente.

En el contexto de una industria de alto riesgo y siniestralidad, incorporar en la reforma una entidad que vigile, procure y alimente acciones preventivas y reactivas para fortalecer las capacidades del sector con visión de largo plazo no está nada mal por donde se le mire, y hace deseable que no naufrague en su ruta para llegar a buen puerto.

 

@CarlosUrdiales