Sara Rosalía
Se terminó la Feria del Libro en el Zócalo con la asistencia nada menos que de 800 mil personas. Participaron 210 editoriales y se realizaron 205 actividades, tales como presentaciones de libros, conferencias, lecturas en voz alta y talleres. Entre los escritores famosos, Elena Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II y Elmer Mendoza, entre muchos otros. Todo mundo felicitó a Lucy García Noriega, por más que a mí, en lo personal, me pareció que, primero, con el pretexto del centro de acopio; luego con la feria del libro y después con la ofrenda del Día de Muertos, se le dio punto final al desalojo, violento, de los maestros de la Coordinadora. Por cierto que los maestros disidentes también dieron jaque mate a las propuestas de convertir el Monumento a la Revolución en el manifestódromo, pues los vecinos de la zona dicen que ya con la Siedo es más que suficiente.
Entrevistas de Mónica Lavín
Y ya que mencioné a Elmer Mendoza, qué interesantes las entrevistas que Mónica Lavín está haciendo para el canal once con el título de Palabra de autor. Tanto la entrevista con Cristina Rivera Garza, pero sobre todo la de Elmer Mendoza, mostraron, en vivo, cómo trabajan los escritores. Sin embargo, la mejor de todas, para mi gusto, fue con el autor de La peor señora del mundo, Francisco Hinojosa, quien se refirió a su colaboración con Rafael Barajas, el Fisgón. Si la de Rivera Garza no me pareció la mejor, debo confesar que es de la única que salí a comprar su libro: Los muertos indóciles que ya tengo entre los libros para leer lo más pronto posible.
De Mónica Lavín ya leí La casa chica y de sus relatos, el que me pareció más trabajado como obra literaria, fue el dedicado a Lupe Vélez. Algunos, la verdad, me sentí como si estuviera leyendo TV Notas. Por cierto, a Pável Granados le comenté que no compraba nunca esa revista y él completó, “porque le da pena”. No, le dije, porque ya no hago nada hasta que termino de leerla, sin siquiera conocer a los protagonistas del escándalo de la semana. Me apasionó La casa chica, porque me siento casi la lectora idónea de ese texto de Lavín, porque conocí a varios de los protagonistas en persona y algunos de los chismes de primera mano.
Lo que pasa con este libro es que a mi modo de ver se debió haber tratado por separado las historias y con tanta ingeniería literaria como en El gran Gatsby de Scott Fitzgerald. Siento que, aunque yo hago lo mismo, la autora quemó la pólvora en infiernitos.
Las ofrendas del Día de Muertos
Dicen que la más visitada en el Zócalo capitalino es la dedicada a José Guadalupe Posada con la más celebre de sus calaveras que es la Catrina. La de Ciudad Universitaria se dedicó a la memoria de la pintora Remedios Varo y la del Museo del Carmen al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
En la velada por el Día de Muertos a causa del sida, que se realiza desde hace 19 años, le correspondió a Amigos contra el Sida ser los responsables de la organización. Esta vez la cita fue en el Museo Memoria y Tolerancia. El muy querido Alejandro Brito mencionó los nombres de varias personas asesinadas por crímenes de odio e hizo votos porque lo que muera sea la homofobia, la lesbofobia y la transfobia.
Álvaro Mutis, la voz de Los intocables
La primera vez que escuché su nombre fue en una entrevista de Elena Poniatowska que se titulaba “Proust en Lecumberri”. Ahí contaba cómo fue jefe de Relaciones Públicas de la Standar Oil y se inició un proceso contra él porque destinó unos fondos de beneficencia a su país, Colombia, y además confiesa hubo desorden. Con Elena habla del “carcelazo”, o sea las ansias de salir de inmediato del confinamiento que sufren, y del que hablan todos los presos. Elena lo recuerda como “el alma de la fiesta”, pero le gusta más el menos superficial Mutis de la cárcel. Lo de Proust en Lecumberri es al pie de la letra, porque Mutis leía a Proust en la cárcel. Años después, no sé si en un texto suyo o en otra entrevista, Mutis contaba, lo que me impresionó, que al salir de la cárcel caminaba pegado a las bardas, porque la experiencia como prisionero le hacía sentir extraños los espacios libres.
García Márquez cuenta que un día llegó Mutis y le arrojó encima Pedro Páramo y le dijo “léelo para que aprendas” y luego una mala palabra amistosa y referida al novelista. El autor que todavía no escribía Cien años de soledad revela que en cuanto se fue Mutis leyó Pedro Páramo de corrido y cuando terminó la volvió a leer hasta terminarla por segunda vez y sin interrupción y preguntándose cómo era posible que con el tiempo que tenía en México nadie le hubiera hablado de la novela de Rulfo. Es sabido que la frase de Aureliano Buendía: ”Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, que inicia la gran novela, García Márquez la atribuye a la influencia de Rulfo.
Elena, en la entrevista mencionada, recuerda que Mutis venía precedido de la fama de que era “muy encantador”, dicho por Octavio Paz, y es al Premio Nobel mexicano y a su esposa Marie Jo, a quien Mutis dedica su más celebrado poema: “Caravansary”.
En un momento se convirtió, con su propio nombre, en anunciante de la Casa Domecq y en otro, cuando recibió el Premio Cervantes se declaró monárquico y justamente frente al rey Juan Carlos y la reina Sofía. Carlos Monsiváis que salió en su defensa me aseguró que era una broma. Ser monárquico, a estas alturas, es retrógrado y causa indignación, y si era un chiste era evidentemente un juego que por abajo del agua halagaba a los que lo premiaban.
Con motivo de su muerte, Alfredo Domínguez Muro, en el noticiero de Jacobo Zabludovsky, dijo que Mutis era la voz que narraba Los intocables, y se escuchó en el radio esa voz que para muchos, al menos para mí, es inolvidable.
