GARBANZOS DE A LIBRO

Ian McEwan

Marco Aurelio Carballo

El escritor inglés Ian McEwan (65 años), famoso por su novela Expiación, que se hizo película con el mismo nombre, retoma en su nueva novela Operación dulce un aspecto de la Guerra Fría, según el cual la CIA gastó miles de dólares en periodistas y escritores para promocionar los valores del capitalismo frente al comunismo.

La periodista española Lola Galán escribe en El País que la lista de agradecimientos publicada en el libro deja constancia de “lo mucho” que se documentó el autor para armar su relato. “La ficción que me interesa depende de que los hechos estén muy bien comprobados”, dijo McEwan, para saber cómo ocurrieron las cosas y llegar a la verdad.

“Yo disfruto —agregó— con ese proceso y, a fin de cuentas creo que si te has ayudado de una serie de libros hay que dejarlo claro”.

La protagonista de la novela, Serena Crome, es una joven y bella licenciada de Cambridge, recluida por el servicio secreto británico. Lejos de llevar a cabo peligrosas misiones, ella se la pasa redactando escritos en un edificio costoso, pero sin calefacción. Ahí soporta, estoica, el trato machista de sus jefes. El servicio secreto, el M15, era más burocrático y machista que otros departamentos, porque lo dirigían militares o altos cargos procedentes de las colonias y tenían una actitud muy condescendiente con las mujeres.

“La CIA gastó cientos de millones de dólares —escribe Lola Galán— en el intento de atraer y seducir a intelectuales europeos de izquierda para convencerlos de que USA, el mundo libre, era mucho más atractivo artísticamente que la Unión Soviética”.

“Lo que me atrajo de este tema —dijo Ian McEwan— es que la CIA gastara tanto dinero en demostrar las bondades de  una sociedad abierta, pero que lo hiciera en secreto.  El episodio me llevó a escribir esta novela, la historia de Serena Rome, quien espía a un novelista, que se venga de ella espiándola a su vez”.

“He cambiado. No se es la misma persona a los 65 años que a los veinte. Es cierto que mis primeras novelas son más oscuras, pero espero haber preservado la intensidad de mi escritura. Ahora me interesa más el color. Quizá me he vuelto más humano y más capaz de perdonar. Uno se percata de lo maravillosa que es la gente, lo débil que es, lo estúpida, cruel. Creo que mi ficción se ha vuelto más expansiva”.