Así es el partido tricolor


Lo que el partido del viejo régimen presume es lo que más nos avergüenza como mexicanos. Las instituciones que respetan son las más viejas prácticas que abrazan como tradiciones, son los únicos medios que conocen para mantenerse con vida, para estar en el mapa político y en la vida de México.

Eruviel Avila es un heredero más de esta dinastía que repite el cuento de transformación y renovación cada vez que los ciudadanos están por descubrir que son el fantasma de esa pesadilla que cada vez menos recuerdan pero cuyo reflejo está en cada familia, el lastre que nos impide terminar de alzar el vuelo.

Como el malo de la telenovela que finge ser el mejor amigo y consejero de la protagonista, pero que sólo se ocupa de mover las piezas a su favor, el partido no tiene ni de fondo ni de forma nada de revolucionario cuando se jacta de “estimular” a los promotores del voto que deberían ser llamados compradores de voluntades o recolectores de almas.

Lejos de pretender dramatizar, debemos aceptar que el clientelismo con el que suelen crear lealtades es simplemente una trampa en la que hacen creer al ciudadano que le regalan o le hacen favores cuando en realidad entregan como limosna lo mismo que ya les han robado con anterioridad, que si hubieran sido buenos durante sus gobiernos no existiría la necesidad de esperar estas prebendas.

Mientras las familias más pobres y los grupos vulnerables reciben una despensa a cambio de su voto y del apoyo, los mapaches y llamados líderes de la marea roja son premiados con cargos públicos, con diputaciones, gubernaturas, coches, casas y viajes. El precio de mantener pobres a los pobres y cautivos a los ciudadanos es elevado para la sociedad, para el país.

¿Qué puede tener de revolucionario un partido que sigue viendo como monedas de cambio, como clientes a los verdaderos patrones, a los ciudadanos? ¿Cómo es posible que los servicios públicos y todo aquello que se debe hacer por los gobernados de manera obligatoria, lo que se merecen por derecho se les condicione?

Pero por eso no salen las cuentas, por eso no rinden cuentas, mantener esta estructura clientelar y premiar a quienes les ayudan a sostenerla cuesta caro y por supuesto que a quien le cuesta es al pueblo.

Este tipo de prácticas tiene un solo nombre: corrupción. Este ingrediente que está en todas las recetas y en todos los manuales de quienes amenazan con regresar. La corrupción es una semilla que siembran y cuidan afanosamente pues saben que una vez que hecha raíz sólo tienen que esperar a recoger el fruto y esperarán pacientes y desesperarán bajo cualquier intento, reaccionarán ante cualquier estrategia que busque acabar con su semilla mágica.

Es hora de arrancar de raíz este mal y esa es la tarea de todos, de los mexicanos. Es hora de limpiar la tierra de cortar la mala hierba.

 

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