Gabriela Cerna
Se puede morir de pie, aunque la lucha física evidentemente esté perdida. La paradoja: morir de pie es ganar la vida de la verdadera identidad, en este caso, de la liberación del ser de fachada para darle paso al ser interior.
El enfrentamiento moral lo vive un hombre que en su interior se aferra por mostrar a una mujer. El documental de la periodista y productora Jacaranda Correa, lleva a cuadro una historia que avanza por los recovecos de la mente humana que ilustra la adopción de una etiqueta que por moral es de peso social, mas otorga la convicción de la personalidad.
Morir de pie fija su atención en el choque de prejuicios que aparecerán en los personajes. Primero, el hombre idealista, revolucionario, seguidor del Ché Guevara
—que hasta físicamente tiene mucho parecido—, tuvo que enterrar la boina y las estrellas cuando finalmente cobra el valor necesario para sacar a la luz su personalidad femenina que constantemente intenta resaltar, como una manera de enterrar el hombre que fue, por eso, hasta para cortarse el cabello, menciona que renunció al color original de su cabello (negro) porque eso le recordaba quien había sido. El hombre, además del enfrentamiento a los prejuicios propios, tiene que verse frente a los de su pareja, una mujer que trabaja de vendedora de boletos en el Metro, pero el espíritu de gran fuerza lo refuerza y así, ambos se atrapan en la nueva identidad. A ella, la taquillera, al inicio le cuesta trabajo lidiar con la nueva situación pero termina por aceptar y acompañar al hombre, al que ahora ve como su compañera. Segundo, este hombre
—que en algún momento se acercó al suicidio y fue alejado de esa idea gracias a su pareja— tiene una enfermedad degenerativa que lo incapacita pero él lucha por ser activo: se le ve vistiéndose y demás.
La lucha lo engrandece: pelea por su nueva personalidad, se manifiesta en marchas, escribe, muestra su valentía y, sobre todo, deja ver que si ha de morir, lo hará de pie, con dignidad.
