La amistad Peña Nieto-Vargas Llosa llegará lejos
René Avilés Fabila
No fue Mario Vargas Llosa el primero en señalar que el PRI fue una dictadura perfecta. Lo que ocurrió es que debido a su enorme prestigio y a que estaba en el lugar adecuado —en México y con Octavio Paz— su aseveración fue exitosa y hoy es ya un lugar común en el lenguaje de los mexicanos. José Revueltas dijo varias veces que vivíamos bajo una dictadura de clase, donde un partido dominaba todo el país. No hubo mayor eco pese a que iba más lejos al enunciar que era el capitalismo el que nos gobernaba de modo tiránico. El PRI, en todo caso, era el brazo armado.
Nunca viví lejos de las ideas de Revueltas, incluso lo seguí cuando salió del Partido Comunista para formar su propia corriente: la Liga Marxista-leninista Espartaco. De allí que en 1969, luego de la matanza de Tlatelolco, escribí una novela sobre la situación política de stica, le cambiaban el nombre, le daba un nuevomproyecto no muy diferente del anterior y a su alrededor colocabvan nuevas perfecMéxico: El gran solitario de Palacio. En ella veía al presidente, de apariencia democrática, que llegaba al poder a través del voto popular, como una sola persona, un hombre inmortal al que cada seis años sometían a una cirugía plástica, le cambiaban el nombre, le daban un nuevo proyecto y a su alrededor colocaban un gabinete distinto. El resto era la dantesca visión de un país atormentado por la pobreza y el autoritarismo del gobierno. El eje era la matanza de Tlatelolco, el resto era un amplio mural de la situación imperante en aquel México.
En 1990, Vargas Llosa calificó a México con la definición que adquirió celebridad. Pero el PRI perdió las elecciones ante el PAN dos veces y eso le dio flexibilidad, nuevos arrestos y la dictadura perfecta supo lo que era la derrota. El país cambió: la sociedad y los medios conocieron nuevas formas de actuar ante el poder. Hoy ha regresado Vargas Llosa y visitado a Peña Nieto y le ha dicho a los mexicanos que se acabó felizmente la dictadura.
Sin embargo lo que ha pasado es otra cosa: Vargas Llosa es un hombre que ve con muy buenos ojos la economía de mercado, admira el sistema neoliberal. Y lo mismo le ocurre a Peña Nieto y en general a todos los que ahora presumen una nueva manera de ver el mundo. Ahora tienen afinidades, coincidencias y en el centro está la globalización del capitalismo, ese sistema que el propio papa ha criticado en días pasados.
El país ahora sí está regido por una dictadura perfecta: un sistema de partidos que muchos denominan partidocracia y que tiene demasiadas afinidades. Los tres grandes partidos, por ejemplo, buscan el centro. Pueden discrepar de cómo desarrollar en México el capitalismo, pero ni aquéllos que se dicen de izquierda están lejos de la economía de mercado.
Tenemos un sistema de partidos, pero sus diferencias no son tan marcadas. En lo fundamental están de acuerdo: mantener lo que Adolfo López Mateos llamó economía mixta. El socialismo marxista se acabó, no hay ningún modelo que amenace el capitalismo, ¿entonces, para qué pelearse? La nueva amistad Peña Nieto-Vargas Llosa llegará lejos.
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